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Perfil, situación y percepción de los periodistas dentro del contexto ecuatoriano 

El periodismo en Ecuador no es un “oficio” de reciente creación, ni mucho menos. Desde que en el primer tercio del siglo XIX aparecieran los primeros periódicos primitivos y la prensa se consolidara en las últimas dos décadas de este mismo siglo, el periodismo ha evolucionado a lo largo de todo el siglo XX, consolidándose y diversificándose a partir del surgimiento de nuevos medios de comunicación y un plantel de profesionales dedicados a comunicar e informar. Sin embargo, es en la primera década del siglo XXI cuando el periodismo ecuatoriano se ha posicionado en el mapa latinoamericano y mundial gracias a la apuesta del gobierno de Rafael Correa (2007-2017) por un modelo periodístico basado en su función de servicio público, vinculado a un proyecto político progresista de Izquierda, “socialismo del buen vivir”, y a la puesta en marcha de su proceso de profesionalización. Una apuesta política que ha permitido al periodismo desprenderse de su carácter de “oficio” y el “empirismo” que caracterizaba a los periodistas, para acoger una legislación (Ley Orgánica de Comunicación, 2013) y unos organismos regulatorios (SENESCYT, SECAP, SETEC, CORDICOM y SUPERCOM[2]) que lo han aupado hasta el grado de “profesión”, protegiendo, de igual modo, los derechos fundamentales de los trabajadores en los medios y agencias de comunicación.

A pesar de los notables cambios en el sistema mediático ecuatoriano, la concentración de la propiedad mediática hasta la fecha ha sido, y es, el patrón definidor del sistema de medios. De ahí que, a pesar de las acciones gubernamentales -procedentes fundamentalmente del Ejecutivo- puestas sobre el tapiz, aún se exhiba como una de las principales problemáticas, definitorias de la profesión periodística en Ecuador, el oligopolio de los medios de comunicación ecuatorianos, reflejo de la realidad mediática latinoamericana –Grupo Clarín (Argentina), Organizaciones Globo (Brasil), Grupo Televisa (México), Grupo Cisneros (Venezuela), Caracol (Colombia), entre otros grupos de capital concentrado (Trejo, 2010)-. Al problema de la concentración empresarial de los medios de comunicación ecuatorianos se unen la baja profesionalización del sector de la comunicación, la crisis de confianza ciudadana en los medios, la incertidumbre por el salto digital, las prácticas clientelares, la instrumentalización de los periodistas y los medios, los bajos niveles de circulación de prensa escrita y el alto consumo audiovisual, la lógica comercial de las industrias culturales, la ausencia de servicios y medios de comunicación de gestión pública hasta la llegada de Correa, la desregulación mediática salvaje, entre otros aspectos.

El gobierno de Rafael Correa se ha caracterizado por la recuperación del papel del Estado en todas las instituciones y sistemas del país y, por lo tanto, por el cambio de estrategia en materia de comunicación en busca de un liderazgo diversificado gestionado directamente por/desde el gobierno. Unas acciones gubernamentales que han dado pie a la politización y polarización de los medios y a que los periodistas, en ocasiones, se hayan convertido en actores políticos. Tanto así que, durante el gobierno de Rafael Correa, se ha vivido en un ambiente de crispación marcado por el enfrentamiento entre el gobierno y los medios de comunicación privados. Uno de los principales motivos es que, tal y como ocurre en otros contextos (Matthes, Maurer y Arendt, 2017), el Ejecutivo y los políticos se abstienen de hablar con los periodistas que confrontan sus ideas y con los medios hostiles.

En este contexto, la elaboración de políticas públicas y la aprobación de la Ley Orgánica de Comunicación (2013), que vino a sustituir a la Ley de Radiodifusión y Televisión de abril de 1975[3], propone la redistribución del espacio radioeléctrico en tercios (33% medios públicos, 33% medios privados y 34% medios comunitarios) como una de sus propuestas más destacadas dirigidas a transformar el ecosistema mediático ecuatoriano que, sin embargo, no ha obtenido los frutos esperados.  En este sentido, tal y como afirman Acosta, Calvopiña y Cano (2017), no basta con aumentar el porcentaje legal de medios comunitarios, es necesario repensar las propuestas comunicaciones de los grupos que acceden a estos y su aporte social y comunicacional.

La propuesta comunicativa del gobierno ecuatoriano parte de la reunión histórica organizada por CIESPAL en 1973 en Costa Rica en la que se propuso instrumentar políticas nacionales de comunicación con el fin de democratizar los medios (Sánchez-Ruiz, 2013). De ahí que, desarrollado bajo el paraguas de la “democratización de la comunicación”, el gobierno de Correa haya plasmado un plan de actuación dirigido a crear un modelo periodístico propio que permita el funcionamiento de medios de comunicación de propiedad diversificada -públicos, privados y comunitarios, fundamentalmente- en los que trabajan profesionales con titulación superior en Periodismo, Comunicación Social y todas las especialidades adyacentes.

Perfil de los periodistas en Ecuador

Dos tercios de los periodistas ecuatorianos son hombres de mediana edad -entre veinte y treinta y ocho años- con un título Universitario en Comunicación Social y/o Periodismo. De ahí que la profesión periodística en el país aún esté masculinizada y las redacciones de los medios de comunicación se encuentren copadas por hombres. Sin embargo, los datos de este estudio visibilizan una feminización de la profesión. El porcentaje de mujeres periodistas en los rangos de edad más jóvenes es mucho mayor que en los de mayor edad. A lo que hay que añadir que, según Oller y Viera (2019), dos de cada tres estudiantes universitarios de Periodismo y Comunicación Social en Ecuador son mujeres. Por lo tanto, la lógica cuantitativa establece que un mayor número de mujeres se irán incorporando a la profesión. El reto para ellas consiste, en primer lugar, en mantenerse en la profesión y seguir trabajando como periodistas, ya que, como destacan Beate y Oller (2018), en parte de los países del mundo las mujeres abandonan la profesión de forma prematura y antes que sus homólogos masculinos motivadas por convencionalismos sociales y cargas familiares; en segundo lugar, en romper el “techo de cristal” que les impide seguir progresando a nivel profesional hasta alcanzar las cotas más altas y, en tercer lugar, en conseguir equiparar el número de trabajadoras en periodismo a las de otras profesiones. De acuerdo al INEC (2015), el 41,05% de la fuerza de trabajo (población activa económicamente) son mujeres, por solo algo más de un tercio de las periodistas.

La distribución geográfica de los periodistas según su género queda marcada por dos aspectos estructurales: La mayor parte de profesionales, tanto hombres como mujeres, se encuentran trabajando en las principales urbes del país: Quito y Guayaquil. Es en la capital donde se acumula el mayor número de medios de comunicación y, por lo tanto, de periodistas. En segundo lugar, aunque a nivel provincial no existe una marcada diferencia en el número de mujeres periodistas, es notable su mayor presencia en la provincia de Pichincha (Quito).

Junto a la tendencia de equiparación entre géneros de la profesión, se está produciendo un rejuvenecimiento de las plantillas en todas las redacciones de los medios de comunicación ecuatorianos. La edad de los periodistas es cada vez menor, hasta el punto que los profesionales con más de cuarenta y cinco años no constituyen ni una quinta parte. Un panorama desolador para los profesionales más veteranos. En primer lugar, porque tienen y tendrán más problemas para conservar su trabajo y, de cara al futuro, encontrar nuevas posibilidades laborales/profesionales. En segundo lugar, porque pierden gran parte de su rango de influencia en las redacciones debido a su reducido número. A pesar de ello, los periodistas más veteranos copan los cargos de mayor responsabilidad editorial y ejecutiva en las redacciones. Una situación privilegiada que les permite tener aún un alto influjo en las decisiones editoriales adoptadas en los medios de comunicación. Ante todo, motivado por el carácter marcadamente jerárquico del organigrama en las redacciones.

Lo cierto es que, en el periodismo, al igual que entre las fuerzas de trabajo a nivel general, las mayores oportunidades laborales se establecen entre los 25 y 34 años; reduciéndose considerablemente la edad de los periodistas respecto a estas fuerzas de trabajo generales, donde tres de cada diez trabajadores tienen más de 48 años (INEC, 2013/2014).

La distribución geográfica de los periodistas según su edad no mantiene un patrón determinado. Aun así, en las provincias de mayor tamaño y más pobladas los periodistas tienen una edad comprendida entre los 37 y 42 años, algo por encima de la media del país. En las provincias del centro del país se encuentran los periodistas de mayor edad, sobre todo en las provincias de Morona Santiago, Cañar y Napo.

Ocho de cada diez periodistas cuentan con un título universitario e, incluso, con la especialización de Comunicación Social y/o Periodismo. Este dato es totalmente revolucionario y establece un punto de inflexión en la profesión periodística del país. A partir de la propuesta de profesionalización de la comunicación y del periodismo, incentivada por el Ejecutivo de Rafael Correa (2007-2017) y puesta en marcha por CORDICOM (2014), los periodistas se han visto obligados, e incentivados, a formarse y titularse en la universidad. Un requisito que ha llevado a esta institución de educación superior a ser uno de los pilares fundamentales, ya no solo en la formación de los presentes y futuros periodistas, sino del propio periodismo. Una realidad que cierra el carácter empírico que definió la profesión en Ecuador hasta la llegada del gobierno de la “Revolución Ciudadana” y que, además, sitúa a las facultades de Comunicación Social como las instituciones encargadas de formar a los presentes y futuros periodistas.

El principal logro en el plan de formación y educación superior de los periodistas ecuatorianos es, en primer lugar, haber conseguido que la mayor parte de los profesionales que trabajan en los medios y agencias de comunicación cuenten con, al menos, un título de tercer nivel e, incluso, la especialización en Comunicación Social -fundamentalmente- y Periodismo. En segundo lugar, los datos reflejan la homogeneidad existente en todo el país, tanto en las zonas rurales como en las principales urbes. Tan solo en las provincias de El Oro, Cañar y Chimborazo hay un porcentaje de periodistas, en cierta medida significativo, que aún no cuenta con un título universitario o está en proceso de obtenerlo.

Entre los periodistas en Ecuador existe una sobrerrepresentación de los grupos sociales hegemónicos. El grupo étnico que copa las redacciones es el mestizo -con una fuerte presencia de caucásicos-, quedando la representación de afroecuatorianos, montubios e indígenas en anecdótica. Un problema grave de falta de diversificación y sobrerrepresentación étnica en las redacciones en un país intercultural y plurinacional donde el 7% de la población se autoidentifica como indígenas, el 7,2% como afroecuatoriano y el 7,4% como montubio (Censo de Población y Vivienda, 2010).

La presencia casi exclusiva de profesionales mestizos y blancos en los medios de comunicación del país facilita y da pie a la generación de puntos de vista hegemónicos y estandarizados basados en intereses partidarios e individualistas. Una situación que se ha podido mejorar o, al menos, adaptar a la realidad del país gracias a propuestas como la aprobación de la LOC en 2013. Una ley que propone explícitamente en sus artículos 14, 19 y 21 el respecto al “principio de interculturalidad y plurinacionalidad” y a la “responsabilidad” de los contenidos, promoviendo la mayor presencia de los grupos sociales menos favorecidos, invisibilizados y marginados.

En todo el territorio nacional existe una exigua presencia de periodistas que no se autoidentifiquen como mestizos y blancos. Incluso en provincias con una fuerte presencia de otras etnias como en Los Ríos y Manabí (35,1% y 19,2%, sucesivamente, de la población es montubia); Esmeraldas (43,9% de la población es afroecuatoriana) y Napo, Morona Santiago, Pastaza y Chimborazo (56,8%, 48,4%, 39,8% y 38%, sucesivamente, de la población es indígena) (Censo de Población y Vivienda, 2010). Unos datos que muestran los bajos índices de acceso a la profesión periodística de etnias que, hasta día de hoy, sufren unos altos índices de marginación, discriminación y segregación social y profesional.

Una prueba más de la falta de pluralidad entre los periodistas es que seis de cada diez de ellos se definen como cristianos católicos y romanos. De ahí que la mayor parte de los periodistas ecuatorianos sean mestizos y católicos. Sin embargo, hay una gran diferencia entre la etnia de los periodistas y su afiliación religiosa. Mientras que en las redacciones hay una sobrerrepresentación de las etnias más numerosas en el país (mestizos y blancos), los periodistas cristianos católicos representan un porcentaje menor al de la media nacional -El 76,17% de la población ecuatoriana manifiesta ser cristiano católico (INEC, 2012)-. Un dato determinante que visibiliza una realidad cambiante en el periodismo ecuatoriano, en el que una quinta parte de los periodistas no practica ninguna religión, sobre todo los de menor edad. Esta tendencia al laicismo en el periodismo conlleva la pérdida de los valores religiosos tradicionales asimilados por la población ecuatoriana desde los tiempos de la colonización española y la asunción de estilos de vida alejados de la moral cristiana.

La mayor parte de los periodistas que se declaran sin religión, ya sea desde la vertiente del agnosticismo o del ateísmo, se encuentran en las dos ciudades más grandes del país, sobre todo en la capital, Quito. En el sur, Loja y Zamora Chinchipe, y centro del país, Chimborazo, la tendencia es más conservadora, contando estas regiones con el mayor número de periodistas que procesan la religión cristiana en su confesión católica.

A pesar del enfrentamiento del gobierno progresista de Izquierda de Rafael Correa con los medios privados, incentivado por el alineamiento de estos últimos con algunos de los principales emporios mediáticos/empresariales del país y los intereses económico/financieros de la profesión periodística, ocho de cada diez periodistas se definen como de Centro-Izquierda ideológica. Un dato que revela dos aspectos fundamentales del periodismo ecuatoriano: en primer lugar, gran parte de los periodistas son afines a las políticas ideológicas progresistas -en su vertiente más neutral- asociadas al paradigma filosófico “Socialismo del siglo XXI” y, en segundo lugar, los intereses de los periodistas no corresponden con los de los medios de comunicación en los que trabajan, ya que más del setenta por ciento lo hace en medios privados. Con respecto a este último aspecto, cabe la posibilidad de que no todos los medios privados mantengan una postura contraria al gobierno y, por lo tanto, este esté ejecutando una estrategia comunicativa errónea en la que están pagando “justos por pecadores”.

La ideología política de los periodistas en Ecuador difiere considerablemente en las distintas provincias. A pesar de que existe una tendencia generalizada a posicionarse en el Centro-Izquierda ideológico, lo cierto es que esta postura es más evidente en la provincia de Pichincha y, por ende, en Quito. En Chimborazo, la provincia más poblada de la sierra central, se encuentran los periodistas con una mayor tendencia a la Izquierda. En el sur del país, concretamente en la provincia de Loja, se percibe una mayor inclinación al Centro con cierta propensión a la Izquierda en la vecina provincia de Zamora Chinchipe. Guayas es la provincia con mayor porcentaje de periodistas con una ideología conservadora. Un posicionamiento político afín a la Derecha que comparten otras provincias costeras como Santa Elena y Manabí.

Situación profesional de los periodistas

Los periodistas de Ecuador han pasado a formar parte de la denominada clase media. De cada cinco periodistas, uno aún gana menos del salario mínimo estipulado en el país (trescientos sesenta y seis dólares mensuales en 2016), tres perciben entre 400 y 1000 dólares al mes y uno más de 1000 dólares. Este incremento salarial -en los años noventa la mayor parte no superaba los 300 dólares mensuales (Virtue y col., 1994)- les ha permitido establecerse como profesionales autosuficientes.

Los periodistas con un mayor salario se encuentran en la capital, Quito, y en la ciudad más poblada, Guayaquil. La brecha salarial entre los periodistas que trabajan en las zonas urbanas y rurales es una realidad patente. En provincias como Loja y El Oro, al sur del país; Chimborazo, en la sierra central y Manabí, en la cosa, los periodistas ingresan una cuantía económica mensual bastante inferior a sus colegas urbanitas.

Esta mejora en la remuneración de los periodistas está vinculada con su estabilidad contractual. En Ecuador, siete de cada diez periodistas están contratados a tiempo completo y de forma permanente. Por ello, aunque algo más de una cuarta parte está empleada a tiempo parcial y de forma temporal, los periodistas ecuatorianos tienen una considerable seguridad y las condiciones laborales que les son ofrecidas les aseguran tener planes personales y profesionales, al menos, a medio plazo.

El periodismo en Ecuador es una profesión joven constituida por profesionales jóvenes con poca experiencia. En primer lugar, es una profesión joven porque aún continúa en proceso de consolidación y creación de unos estatutos propios que la establezcan de forma clara, administrativa y legalmente, y la alejen de la idea de “labor” u “oficio”. En segundo lugar, está formada por periodistas que bordean la treintena con menos de diez años de experiencia. Un nivel de inexperiencia más acentuado aún que en el resto de trabajadores en el país, de los que más de la mitad tienen entre uno y diez años de experiencia profesional (INEC, 2015).

Este último dato define el perfil y la forma de entender el periodismo de gran parte de los periodistas ecuatorianos. Todos estos profesionales con menos de diez años de experiencia han desarrollado el total de su actividad profesional durante el mandato de Rafael Correa y, por lo tanto, el modo de percibir y entender el desarrollo de su trabajo profesional a nivel empírico ha quedado determinado por la política puesta en marcha por el movimiento de “Alianza País”.

La experiencia profesional de los periodistas no mantiene un patrón determinado con respecto al lugar geográfico en el que se encuentran. Aunque en Pichincha y las provincias del sur de El Oro y Loja se ubican los periodistas con una experiencia profesional que ronda los diez años -la media nacional, tal y como vimos previamente-, en Guayas y Manabí parte de sus compañeros desarrollan su actividad profesional desde hace algunos años más. De igual modo ocurre en otras provincias menos pobladas, donde existen marcadas diferencias; ejemplos son Azuay y Cañar, con algunos de los periodistas más longevos en la profesión, y Chimborazo y Los Ríos, que cuentan con los más inexpertos.

Dos de cada tres periodistas en Ecuador desempeñan un cargo sin responsabilidad editorial; siendo, fundamentalmente, reporteros. Entre estos periodistas sin responsabilidad editorial el perfil más común es el de jóvenes menores de treinta años, con poca experiencia profesional, un salario medio/bajo y entre los que se encuentra una mayor equidad entre ambos géneros. El perfil de los periodistas con responsabilidades editoriales dentro de las redacciones evoluciona con relación a su posición dentro de la escala jerárquica en una relación de: A mayor responsabilidad editorial o cargo ocupado, mayor edad, experiencia, salario y presencia masculina.

El análisis geográfico de los periodistas basado en su cargo en la redacción presenta una panorámica muy homogénea entre las zonas rurales y urbanas. Aunque la mayor parte de los periodistas se concentran en las urbes más pobladas, Quito y Guayaquil, la estructura jerárquica de las redacciones de los medios de comunicación conservan patrones similares. Una ligera diferencia puede vislumbrarse en provincias como El Oro, Azuay y Loja, con un mayor número de periodistas con responsabilidad editorial. Lo cierto es que en las zonas rurales hay un mayor número de medios locales. Una realidad que conlleva que los medios cuenten con menos recursos humanos y a diversificar las tareas informativas y editoriales entre los periodistas que hay en la región.

La mayor parte de los periodistas ecuatorianos desarrolla su actividad profesional en una sola redacción, tiene un perfil generalista que los lleva a trabajar en varios dominios informativos -noticias, deportes, entretenimiento, cultura, economía, etc.-, se centra en una plataforma/producto informativo -programa de radio, noticiero, edición de diario, etc.- y trabaja de forma exclusiva en el periodismo. Una posición profesional que, a priori, les permite contar con la estabilidad suficiente como para ejercer el periodismo de forma estable, continuada y consensuada. A nivel informativo, aun trabajando en un solo producto informativo, los periodistas desarrollan su trabajo en varias áreas y/o secciones informativas, favoreciendo esta situación su falta de especialización. Un déficit que comienza en la propia universidad debido a que durante su formación reglada casi la totalidad de las facultades donde se capacitan lo son en Comunicación Social y no en Periodismo. El hecho de que uno de cada tres periodistas no tenga un trabajo adicional al periodismo, prueba que los salarios profesionales han mejorado, permitiéndoles subsistir a nivel económico sin recurrir a trabajar externos. Más aún, gran parte de los periodistas con un segundo trabajo copan los cargos de mayor responsabilidad en los medios. Una realidad que deja entrever el trato de favoritismo entre los periodistas de mayor rango, permitiéndoles acceder a trabajos “paralelos” al periodismo para conseguir un “sobresueldo”.

La falta de identidad de gremio entre los periodistas queda reflejada en los bajísimos índices de asociacionismo. Tan solo dos de cada diez pertenecen a algún tipo de grupo o federación vinculada al periodismo. Algo que debería hacer saltar las alarmas dentro de la propia profesional debido al alto nivel de individualismo. Una actitud generalizada que hace mella en el proceso de profesionalización del periodismo y da pie a una descoordinación general que no permite a los periodistas hacerse visibles como grupo y, como resultado, ejercer presión sobre los principales sistemas constitutivos -político, económico, social, mediático, etc.-. De igual modo, el marcado carácter individualista de los periodistas los lleva a desconfiar de sus compañeros y el resto de actores e instituciones sociales.

El bajo grado de asociacionismo entre los periodistas se acentúa en la provincia de Pichincha y, por tanto, en Quito. A pesar del grave problema de desconexión, en las provincias de Chimborazo y Guayas se percibe un mayor consorcio. De igual modo, aun contando con una baja representatividad profesional, las provincias de Sucumbíos, Pastaza y Morona Santiago tienen un mayor número de asociados.

Por tanto, los periodistas que trabajan en las provincias periféricas y de carácter rural están más asociados o vinculados a cualquier tipo de federación o agrupación profesional que sus colegas en las zonas urbanas y más pobladas.

El proceso de penetración y consolidación de los medios de comunicación digitales en Ecuador está en una fase muy temprana. La clara prueba de ello es que ocho de cada diez periodistas trabajan en las redacciones de los medios convencionales, fundamentalmente en radio, periódicos diarios y televisión. La radio tiene una larga tradición en Ecuador, incentivada por su altísimo nivel de penetración en las zonas más remotas -Andes, Amazonas, Islas, etc.- y su reducido precio. De ahí que desde que las radios comunitarias comenzaran en 1962 con las Escuelas Populares Radiofónicas del Ecuador (ERPE), impulsadas por Monseñor Leónidas Proaño (Astudillo, 2009; Sanmartín, Avelino, Reyes, y Cruz, 2017), hayan sido utilizadas, y sigan siéndolo, por comunidades indígenas y agrupaciones religiosas (Checa-Godoy, 2012) como uno de los principales instrumentos para comunicarse y/o expandir su mensaje. Prueba de ello es la asociación CORAPE, que agrupa a más de una treintena de radios.

Los medios digitales aún siguen siendo una opción profesional minoritaria para los periodistas ecuatorianos. Aún más los medios/plataformas online que forman parte de otros medios de comunicación tradicionales. Una situación similar ocurre con las agencias de noticias que, con excepción de la agencia ANDES, de propiedad pública y creada con la llegada de Rafael Correa al poder, tienen un bajo nivel de impacto y repercusión dentro del sistema mediático ecuatoriano.

Esta realidad mediática dista mucho de sufrir cambios a corto plazo porque las principales demandas profesionales procedentes de los estudiantes de Periodismo y/o Comunicación Social en Ecuador se centran en los medios de comunicación convencionales y, en mayor medida, en la televisión (Oller y Viera, 2019). Una situación incentivada durante el último año y medio por las políticas públicas en materia de comunicación llevadas a cabo por el actual presidente Lenín Moreno.

La fuerte tradición y penetración de la radio en Ecuador se advierte en toda su geografía, tanto en las zonas urbanos como rurales; especialmente en Pichincha, Chimborazo y Guayas. La zona costera y oriental -Azuay, Guayas y Manabí- se caracteriza por una mayor presencia de los medios impresos, mientras que las agencias de noticias se aglutinan en la capital y Loja.

La región sur del país -Loja, Morona Santiago, Zamora Chinchipe y El Oro- se caracteriza por una mayor adaptación a los medios digitales. Tanto los medios online independientes como autónomos dentro de otros medios tienen una mayor presencia.

Tres de cada cuatro periodistas en Ecuador trabajan en medios de comunicación de cobertura nacional y local. En Pichincha, Guayas y Loja se concentran la mayor parte de los medios nacionales e internacionales. Aunque porcentualmente la provincia sureña cuenta con bastante menos medios de comunicación, su estructura mediática se asemeja a las urbes más pobladas.

Los medios locales tienen una mayor representatividad en provincias con un marcado carácter rural como Chimborazo, El Oro, Imbabura, Los Ríos, Pastaza y Zamora Chinchipe.

Según CORDICOM (2014), más del noventa por ciento de los medios de comunicación en Ecuador son privados, por lo que no es de extrañar que dos de cada tres periodistas trabajen en ellos. La diversidad mediática del país, en lo que a propiedad se refiere, dista mucho de cumplir con las expectativas gubernamentales de diversificación y “equilibración” del sistema de medios nacional. A pesar de los esfuerzos puestos por el gobierno de Rafael Correa en incrementar el número de medios de comunicación públicos, comunitarios y gubernamentales, hoy representan menos del diez por ciento del entramado mediático.

Los medios privados son los que más dolores de cabeza han causado al Ejecutivo. Algunos de sus principales representantes –El Universo, TeleAmazonas, Extra, El Comercio, etc.- han optado por confrontar las políticas públicas puestas en marcha por el gobierno, al considerar que van en contra de sus intereses. Este posicionamiento, y la postura poco beligerante de Rafael Correa, ha promovido un enfrentamiento abierto entre ambas partes y la polarización de los periodistas; los mismos que se han visto obligados a adoptar una de las dos posturas.

La aprobación de la nueva Constitución (2008) y la LOC (2013), la creación de nuevas instituciones en materia comunicacional y organismos como SUPERCOM (ya desaparecido) y CORDICOM han permitido un cambio en los patrones de conducta del mercado mediático y la generación de un espacio público/gubernamental nunca conocido en Ecuador. De ahí que, aun siendo muchos más los medios privados, los medios públicos han acaparado un espacio informativo/comunicativo que les ha permitido tener una alta presencia en el sistema mediático. La propaganda/publicidad gubernamental, la creación y adquisición de nuevos medios de naturaleza pública, la puesta en marcha del programa Enlace Ciudadano, entre otras estrategias, han generado un mercado mediático basado en la función de servicio público de los medios de comunicación ecuatorianos.

Los medios de propiedad privada inundan la geografía ecuatoriana. Sobre todo, en las provincias menos pobladas. La mayor representatividad de medios públicos se encuentra en las urbes más grandes -Guayaquil, Guayas; Quito, Pichincha- y en el sur del país -Loja-. La marcada asimetría en la propiedad de los medios de comunicación ecuatorianos define un mercado mediático copado por un reducido número de empresas privadas.

Influencias contextuales percibidas por los periodistas ecuatorianos

Las influencias al interior de los medios de comunicación son las más destacadas por los periodistas en Ecuador, al igual que en otros países alrededor del mundo (Hanitzsch, Hanusch y Lauerer, 2014). Entre todas ellas, los profesionales en Ecuador tienen muy presente en su ejercicio profesional el respeto y la gran importancia de los estándares éticos internacionales. Para ellos, la ética periodística es el principal factor de influencia, aunque también destacan la falta de acceso a la información y la/s regulación/leyes en materia comunicacional como principales elementos restringentes. Todos estos factores están, de un modo u otro, relacionados directamente con las políticas y estrategias gubernamentales. El mayor grado de intervencionismo del gobierno en materia comunicacional, a nivel general, y en el ejercicio periodístico, en concreto, conlleva que los periodistas se sientan más presionados e, incluso, amenazados por unas normativas de aplicación reciente que desconocían hasta hace poco. La obligatoriedad de contar con unos códigos deontológicos[4] en todos los medios de comunicación, el sobreproteccionismo de las instituciones y agentes del gobierno y la aprobación de la LOC (2013) han supuesto cambios sustanciales en el modus operandi de los periodistas y, por supuesto, de los medios de comunicación.

El hecho de que estos factores de influencia externos a los medios de comunicación se encuentren entre los más determinantes para los periodistas refleja el déficit en la capacidad de autodeterminación y autorregulación de los propios medios. Una situación incentivada, en primer lugar, por la falta de profesionalización del periodismo y de los procesos informativo/comunicativos que se producen en las redacciones de los mismos y, en segundo lugar, por la injerencia del Ejecutivo en todos los asuntos relacionados con la generación, intercambio y publicación de información referente a los asuntos del gobierno. Esta intromisión gubernamental, criticada en muchas ocasiones por varios sectores mediáticos y periodísticos, no puede plantearse en ningún momento como una característica exclusiva del periodismo ecuatoriano. Tal y como destacan Maurer y Beiler (2018), la producción de noticias representa una especie de negociación entre los actores políticos y los periodistas en la que los actores políticos intentan aumentar su influencia en la cobertura de noticias. De modo que, tanto los periodistas como los actores políticos, se influyen entre sí durante el proceso de construcción de la agenda de noticias y el marco de la cobertura.

Los valores y creencias personales y la retroalimentación de la audiencia son factores de influencia asumidos por los periodistas como fundamentales en su día a día profesional. El marcado carácter individualista de la sociedad ecuatoriana queda reflejado en todos los estamentos y sectores sociales y, de igual modo, en el gremio periodístico. El alto índice de desconfianza social y la inestabilidad política y económica de las últimas décadas han generado unos bajísimos niveles de credibilidad institucional que lleva a los periodistas a plantear toda su actividad profesional bajo su propio criterio. Determinado este, eso sí, por el resto de las influencias procedentes de dentro y fuera de sus redacciones. Sobre todo, por las políticas editoriales de los medios en los que trabajan, supervisores, editores, directores y dueños y del resto de organizaciones de noticias. A nivel externo, la falta de “institucionalización” del país y el proceso de transición y consolidación democrática en el que se encuentra les lleva a pensar que la corrupción es un factor endógeno al propio sistema y que, por ello, determina su trabajo y los procesos informativos dentro de los medios de comunicación. De ahí que esta “corrupción” sea considerada como una alteración de todos los procesos e instituciones del Estado ecuatoriano y actúe como paraguas para el clientelismo, patronato, captura de Estado, particularismo y patrimonialismo; en la misma línea que ocurre en otras democracias en transición (Rothstein y Varraich, 2014; Milojević y Krstić, 2018).

El carácter híbrido de los factores individuales determina la producción informativa, al que ya hacían referencia White (1950) y Flegel y Chaffee (1971), debido a la influencia en ellos de factores contextuales internos al propio medio y ajenos a este. Un posicionamiento más cercano a los resultados obtenidos a posteriori por Patterson y Donsbach (1996), los cuales reducen el nivel de influencia de estas creencias personales. En Ecuador, los resultados nos llevan a pensar que lo que perciben los periodistas como apreciaciones personales, en realidad es una amalgama de ideas propias e influencias y presiones externas.

La audiencia no es vista como tal por los periodistas, sino como ciudadanos interesados en los asuntos publicados por los periodistas. De este hecho parte la importancia ofrecida al rol cívico y didáctico. La retroalimentación del público constituye un factor determinante del modelo de trabajo de los periodistas debido a un cambio de paradigma periodístico: el abandono de la comunicación unidireccional y asunción de un periodismo más dialógico en el que la opinión y la colaboración de los públicos constituye una parte fundamental del discurso profesional. Más aún en un momento de crisis en el que el periodismo y los periodistas pierden de forma acentuada su rol de intermediario/s entre la ciudadanía y las instituciones y sistemas constituyentes de Ecuador.

Los periodistas no reparan en la audiencia como su público objetivo –target– desde un punto de vista clientelar, tal y como se deduce a partir de la baja influencia que sobre ellos tienen los empresarios, las exigencias publicitarias y las expectativas de beneficio y/o ganancia económica. Una prueba más del desencuentro ideológico entre los periodistas y los medios de comunicación en Ecuador, ya que estos últimos, debido a su naturaleza privada, manifiestan mucho mayor interés por los réditos económicos, el mercado y el enfoque empresarial del periodismo.

Para los periodistas ecuatorianos, varios factores que décadas atrás eran considerados altamente influyentes (Virtue y col., 1994) ahora están entre los factores de menor impacto: políticos y anunciantes, como principales ejemplos.

Roles profesionales de los periodistas ecuatorianos

Los periodistas ecuatorianos perciben como su principal función profesional un híbrido establecido a partir de los roles “neutral”, “difusor”, “cívico”, “didáctico” y “comprometido”. Tanto el rol neutral como el difusor están asociados a la capacidad de desapego de los periodistas con la información publicada y su intención de reportar las cosas tal y como son. La no presencia de la “voz” de los periodistas refleja su rechazo a cualquier tipo de intervencionismo que los lleve a participar de forma activa en su trabajo. Sin embargo, aun dando prioridad a su rol pasivo, estos abogan por proveer análisis de los temas de actualidad, de tal modo que los ciudadanos puedan entender con mayor profundidad los asuntos que les incumben y les afectan en primera persona. De ahí que los periodistas destaquen la necesidad de educar a la audiencia bajo una perspectiva didáctica. Este rol cívico/didáctico/comprometido -cercano al rol difusor/intervencionista planteado por Mellado y van Dalen (2013)- se enfoca en el compromiso de los periodistas, en primer lugar, con el progreso de su país y, en segundo lugar, con su público, como ciudadanos capaces de expresarse por sí mismos si se les da la oportunidad y las herramientas reflexivas necesarias. Aunque, tal y como señalan Willnat, Weaver y Wilhoit (2019), estos deben llevar a cabo un mejor trabajo de explicación de su trabajo a una audiencia que cada vez es más escéptica del periodismo tradicional.

Entre las funciones destacadas por los periodistas se encuentran las relacionadas con sus responsabilidades con su propio país y con el cometido de promover la tolerancia y la diversidad cultural y a apoyar el desarrollo nacional. Unas competencias profesionales vinculadas con las propuestas gubernamentales asociadas a la función de servicio público de los medios, la democratización de la comunicación, el derecho de acceso a la información de la población y, por supuesto, lo estipulado en la Ley Orgánica de Comunicación (2013), el Plan Nacional del Buen Vivir (2013-2017) y la Constitución de Ecuador aprobada en Montecristi en 2008.

En el extremo contrario, el paralelismo entre los medios de comunicación y el gobierno no es corroborado por los periodistas. Ellos no se consideran actores políticos ni plantean los roles de “perro guardián”, “abogado” o “leal” como funciones prioritarias en su trabajo. De ahí que las funciones encaminadas a apoyar la política del gobierno, transmitir una imagen positiva de liderazgo político y actuar como adversarios del gobierno sean desestimadas. Esta despolitización de los periodistas no considera como funciones prioritarias de su trabajo asuntos que les lleven a tomar partido o un rol activo con respecto al gobierno, los políticos y los agentes públicos.

El desencuentro ideológico y profesional entre los periodistas y los medios de comunicación queda reflejado en el valor dado al rol de “infoentretenedores”. Por un lado, los periodistas no conciben la función del entretenimiento como una de sus principales obligaciones como profesionales. Por otro lado, los medios de comunicación, de propiedad privada en su gran mayoría, brindan una mayor importancia a la producción mediática capaz de atraer el mayor porcentaje de público posible y, con ello, el mayor número de ingresos. De ahí que ofrecer esparcimiento, distracción y diversión a la audiencia se encuentre entre sus principales objetivos.

Los periodistas se han visto envueltos durante el gobierno de Rafael Correa (2007-2017) en un conflicto entre los dueños de los medios de comunicación y el gobierno, avivado por los intereses políticos, ideológicos, económicos y mercantiles en el que ellos han ejercido un rol secundario y con el que, de acuerdo a los datos recopilados en este estudio, no comparten puntos de vista afines. En cualquier caso, muestran una mayor cercanía a las propuestas gubernamentales del gobierno progresista de la “Revolución Ciudadana”.

Ética profesional de los periodistas ecuatorianos

Los periodistas ecuatorianos demuestran un fuerte compromiso con los estándares profesionales de ética internacionales plasmados en el Código Internacional de Ética Periodística (UNESCO, 1983) en París. Ellos fundamentan su ética y juicios personales en las normas generales que regulan el comportamiento de los profesionales, independientemente de la situación y el contexto. Tan solo uno de cada tres está dispuesto a dejar de lado estos estándares morales si ciertas circunstancias extraordinarias lo requieren. Estos estándares éticos quedan plasmados en los códigos deontológicos de los medios de comunicación, que hasta antes de la llegada al poder de “Alianza País” no eran obligatorios. A partir de las propuestas del gobierno encaminadas a la profesionalización del periodismo, los medios se han visto obligados a contar con estos códigos deontológicos que regulan el comportamiento de los periodistas, haciendo que estos los tengan mucho más presentes[5].

Acorde con el código de ética internacional, los periodistas ecuatorianos rechazan, casi en su totalidad, los métodos de información controvertidos, con la única excepción del uso ocasional de recreaciones o dramatizaciones de noticias, el empleo de micrófonos o cámaras ocultas, el pago a personas por información confidencial y la utilización de documentos comerciales o gubernamentales confidenciales sin autorización. Todas ellas son justificadas, solo en cierta medida, por los periodistas debido a la falta de transparencia y acceso a la información pública en Ecuador (UNESCO, 2011), los altos índices de desconfianza (World Values Survey, 2010-2014) y la necesidad de atraer la mayor cantidad de público a través de la publicación de formatos informativos más atractivos -no puede olvidarse que la mayor parte de los medios en Ecuador son de propiedad privada-.

Las prácticas profesionales más cuestionables son aceptar dinero de las fuentes informativas, alterar fotografías o fabricar citas de fuentes con la intención de tergiversar la realidad y publicar historias con contenido no verificado. Los periodistas condenan cualquier intento de soborno o trato de favor hacia las fuentes de información, al igual que la manipulación del contenido de la información publicada -tanto textual como visual-.

A nivel normativo, los periodistas en Ecuador rechazan cualquier tipo de práctica controvertida que se aleje de los estándares éticos de la profesión. Sin embargo, los resultados de otra investigación realizada a periodistas de prensa en el país por Oller (2017), en la que se compara la percepción de los periodistas y el contenido de los medios de comunicación donde trabajan, refleja las divergencias entre lo dicho y lo publicado finalmente. De ahí que se deduzcan dos posibles realidades. En primer lugar, que los periodistas tengan claros sus códigos éticos y las prácticas informativas que se alejan de sus estándares profesionales, pero que, sin embargo, se vean forzados por condicionantes externos a poner en práctica ciertas acciones que en otras situaciones rechazarían y, en segundo lugar, que la brecha entre el “deber ser” y el “ser” de los periodistas sea una de las características que definen sus códigos morales y éticos.

Autonomía profesional de los periodistas ecuatorianos

Dos de cada tres periodistas en Ecuador consideran que tienen bastante e, incluso, mucha autonomía para seleccionar las historias en las que van a trabajar y decidir qué aspectos enfatizar o destacar en ellas. Las presiones e influencias, tanto internas a su medio como externas al mismo, no los llevan a perder la capacidad de decidir en su trabajo informativo.

La libertad para participar en la coordinación editorial dentro de sus redacciones se reduce bastante, deduciéndose que los periodistas se encuentran en una estructura jerárquica excluyente que, para la mayor parte de ellos, que no ocupa puestos de responsabilidad editorial, conlleva la pérdida de capacidad de decisión en la elaboración, edición y publicación final de sus trabajos informativos.

Lo cierto es que no existe dentro de las redacciones de los medios de comunicación ecuatorianos la sensación de censura o coacción a la libertad de los periodistas. Más si cabe en los medios públicos, tan criticados desde distintas esferas privadas y sociales por la instrumentalización que el gobierno hace de ellos. A pesar de ello, y sin entrar en el debate de si es cierto o no, es necesario promover ciertas prácticas que fomenten la autonomía profesional en los medios públicos (Benson, Powers y Neff, 2017): En primer lugar, disminuir la capacidad del gobierno para vincular directamente su financiación con la aprobación de un plan de comunicación; en segundo lugar, establecer estatutos legales y administrativos que restrinjan la capacidad del gobierno para influir en los contenidos de los medios; en tercer lugar, las agencias de supervisión deben trabajar de forma independiente y dispersa y, en cuarto lugar, aconsejarse por la audiencia a través de encuestas y del fortalecimiento de lazos comunes.

Confianza de los periodistas ecuatorianos en las instituciones del país

Los periodistas ecuatorianos tienen un bajo nivel de confianza en las instituciones públicas. Tan solo confían, en cierta medida, en los medios de comunicación y en la institución militar. Con respecto al gobierno, el poder Ejecutivo es valorado de forma positiva por los periodistas; siendo consideradas como instituciones poco confiables el parlamento, el poder judicial y los sindicatos. Este resultado visibiliza la constitución piramidal de los poderes constitucionales del país, donde en la cúspide se ubica el poder Ejecutivo, personificado en Rafael Correa. La “personalización” de los poderes ha sido considerada por las personas contrarias al presidente como una forma “dictatorial” de ejercer el poder democrático. Una actitud visible en su modo de atacar la credibilidad de determinadas fuentes de información independientes; una tendencia natural, según Ladd y Podkul (2018), de los líderes de los partidos -y, por ende, de los países-.

A pesar de esto, los periodistas tienen más confianza en él que en el resto de los actores e instituciones gubernamentales. Un factor determinante a la hora de evaluar el paralelismo entre estos y los políticos. Más aun conociendo que los partidos políticos y los políticos en general son los que más desconfianza despiertan.

A pesar del apoyo con el que cuenta Rafael Correa entre los periodistas, la polarización política en las redacciones está socavando la confianza de los periodistas e incrementando la brecha entre los que apoyan el movimiento de Alianza País -durante el mandato de Correa (2007-2017)- y los que muestran una postura enfrentada a él. Una polarización ideológica en Ecuador que constituye, de acuerdo a Hanitzsch, Van Dalen y Steindl (2018), una amenaza en la medida que induce a múltiples líneas de conflicto potencial y organiza a los individuos -periodistas- en torno a identidades exclusivistas y facciones opuestas.

Cambios en el periodismo ecuatoriano

El periodismo en Ecuador está en un constante proceso de cambio, con un punto de inflexión datado en 2007 con la llegada a la presidencia de Rafael Correa y su movimiento “Alianza País”. La política de Izquierda progresista puesta en práctica por el Ejecutivo desde un principio, afianzada a través de la denominada “Revolución Ciudadana”, propone un modelo comunicacional y periodístico que rompe con el que, hasta ese momento, era un modelo oligopólico privado controlado por unas pocas familias y grupos empresariales –Grupo Eljuri, Grupo Isaías, Grupo Vivanco, Grupo Egas, Grupo Alvarado, Grupo Mantilla, Grupo Pérez y Grupo Martínez (Oller y Chavero, 2016)-. Es a partir de este momento cuando se produce el mayor número de cambios en el periodismo y en todas las instituciones, organismos y organizaciones afines a este.

Entre los principales cambios que los periodistas ecuatorianos perciben en el periodismo, en primer lugar, se sitúa el requisito de titulación universitaria para acceder a la profesión (LOC, 2013), que forma parte de su proceso de profesionalización y que, en multitud de ocasiones, actúa como estrategia contra el intrusismo. El requerimiento de un Grado universitario, preferiblemente en la especialidad de Periodismo y/o Comunicación Social, ha posicionado a la universidad como la institución de educación superior encargada de capacitar, sobre todo a nivel teórico, a los futuros periodistas de Ecuador, con la clara intención de transmutar el carácter empírico del periodismo por el académico/profesional. Un rol protagonista adquirido por la universidad que parte de los planes del gobierno por mejorar la calidad académica de tercer y cuarto nivel (CEAACES, 2013).

El requerimiento de titulación de los periodistas no solo ha llevado a los nuevos profesionales a pasar por las aulas, sino que ha obligado a los profesionales con varios años de experiencia y sin titulación académica, que trabajan en los medios de comunicación ecuatorianos desde hace varios años, a realizar la especialización en Periodismo y/o Comunicación Social en la universidad. Un requisito que en los primeros años del “correismo” provocó una crisis dentro de las redacciones debido a dos posiciones claramente opuestas: los periodistas titulados, sin mucha experiencia, y los no titulados, con varios años de bagaje profesional. Un conflicto que se ha ido diluyendo con el paso de los años debido a que, cada vez más, los periodistas han tomado conciencia de la importancia de contar con un título universitario como parte fundamental de su formación.

Las tecnologías de la información llegaron para quedarse y revolucionar el mundo tal y como lo conocíamos. En la actualidad sería imposible entender el periodismo sin el uso de herramientas como internet. Las redes sociales, los motores de búsqueda y demás vías de comunicación digital forman parte del periodismo tal y como es entendido hoy día. De ahí que los periodistas ecuatorianos perciban que el uso de las herramientas digitales y los requisitos exigidos para su dominio hayan incrementado exponencialmente. Sin embargo, tal y como señalan Rivera, Rodríguez y Gonzales (2016), aunque los medios y las agencias de comunicación en Ecuador deberían asumir lo antes posible los modelos de convergencia mediática actuales y los desafíos implícitos a las TIC para llegar a una audiencia cada vez más diversa y diversificada, lo cierto es que, en los cibermedios, que supuestamente deben contar con una mayor adaptación al entorno digital, la participación de las audiencias se concentra en las redes sociales y, además, de acuerdo a Aguirre y Odriozola (2017), los comentarios a los artículos, que también son una expresión de la interactividad, son poco utilizados.

Las horas trabajadas, el nivel de libertad en la toma de decisiones editoriales y el tiempo disponible para las historias de investigación no han sufrido grandes cambios. Los periodistas no perciben alteraciones en aspectos relacionados directamente con la autonomía y la capacidad de participación editorial dentro de las redacciones mediáticas. Más allá del conflicto entre el gobierno y los medios de comunicación privados, los profesionales que trabajan en los medios y agencias de comunicación ecuatorianos/as no advierten que el mayor intervencionismo gubernamental coarte dramáticamente su libertad, o que, al contrario, les permita trabajar de forma más holística dentro de un organigrama rígidamente estructurado. Un orden jerárquico definido por la unidireccionalidad de las decisiones tomadas desde arriba (top down).

El periodismo de investigación entró en una profunda crisis de la que difícilmente podrá salir, ni a medio ni a largo plazo. Un grave problema que afecta no solo a Ecuador, sino a gran parte de los países en el planeta. De ahí que concordemos con lo dicho por Del Campo, Garzón, Franco, Lambert y Villota (2015: 53): “En una sociedad donde está presente la ciencia y la tecnología, y en donde la opinión y la participación de los ciudadanos en asuntos públicos es mandato constitucional, la información que permita el desarrollo de una cultura científica se hace indispensable”.

[1] La modelación gráfica de este apartado ha sido realizada por el Mg. Oscar Espíndola a partir de la minería de datos “Descubrimiento de Conocimiento en Base de Datos” (Knowledge Discovery in Databases – KDD) con el software ArcGIS.

[2] La SUPERCOM es eliminada como parte de las reformas a la LOC (2013).

[3] Aprobada durante el mandato dl Gral. Guillermo Rodríguez Lara y reformada en 1992, 1995 y 2002.

[4] A pesar de su obligatoriedad, según el artículo 17 de la LOC (2013), en más de la mitad de los medios de comunicación en Ecuador (56%) en 2015 no era posible acceder a sus códigos deontológicos (Barredo, 2015). Un indicador claro de que los periodistas son más conscientes de las normas éticas y morales de la profesión periodística que los medios de comunicación.

[5] Los cambios que se están produciendo en las políticas comunicacionales durante el periodo presidencial de Lenín Moreno son ostensibles. Prueba de ello es que el Pleno de la Asamblea Nacional aprobó las reformas a la LOC el 18 de diciembre de 2018. Con ello se modifica el 76% de la normativa vigente y desaparece la obligatoriedad de los medios de contar con códigos deontológicos.