ESTUDIOS DE GÉNERO

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La participación de las mujeres como parte de la fuerza laboral periodística ha ido aumentando a lo largo de las tres últimas décadas hasta situarse en el 42,3%. Este es un aumento de casi el 10% en comparación con el primer informe global sobre los periodistas presentado por Weaver (1998). La distribución de los países con (mayor) equidad de género o un dominio de mujeres periodistas visibiliza que los países surgidos de la antigua URSS y ex Yugoslavia se caracterizan por un alto porcentaje de mujeres periodistas, lo que apunta a una mayor inclusión de las mujeres en la fuerza laboral que ha continuado más allá de la era comunista. Aunque, si esta situación de ventaja también se traduce en un mayor porcentaje de mujeres en puestos de alta dirección y gerencia en periodismo, si se compara con cualquier otro lugar del mundo, el salario se ha mantenido considerablemente por debajo del sueldo de sus compañeros. Tal y como publica The Global Gender Gap Report (2017), la tasa actual de igualdad en el progreso salarial entre hombres y mujeres en Europa del Este está en 128 años, muy por encima de los 61 años en Europa occidental, los 62 años en el sur de Asia y los 102 años en el África subsahariana.

Un problema que no es endógeno a estas regiones ni al periodismo en sí mismo, sino que es un fenómeno global que contradice lo estipulado por The Equal Pay Act (EPA) (1963) en su sección 206(d) acerca de la prohibición de la discriminación sexual respecto al salario percibido.

La diferencia más notable en el patrón de empleo de mujeres y hombres periodistas se hace evidente al examinar los rangos de edad. Más mujeres que hombres ingresan a la profesión, pero su participación se reduce drásticamente en los grupos de edad de 35 a 45 y de 45 a 55 años. Mientras que el primer grupo podría atribuirse a las mujeres que deciden atender las responsabilidades familiares en primer lugar, el segundo índice de deserción indica que el periodismo no es una opción profesional de por vida para las mujeres y cuenta con un poder de atracción mucho menor para ellas que para los hombres.

El género y las edades de los periodistas son claros indicadores de los patrones de empleo, revelando un factor subyacente que influye en la naturaleza de las cohortes de las redacciones mediáticas. Existe una fuerte correlación entre la madurez del sector mediático de un país y el género y la edad de los periodistas, ya que los países con un modelo de prensa bien establecido y un amplio número de lectores durante la segunda mitad del siglo XX tienden a tener periodistas mayores y una menor equidad de género en las redacciones de sus medios de comunicación.

Aunque la profesión periodística en la mayoría de los países todavía está masculinizada y las redacciones mantienen su carácter androcéntrico, los datos de WJS hacen visible una feminización de la profesión en todo el mundo. A modo de ejemplo, a pesar de que las mujeres periodistas siguen siendo minoría en las redacciones de los medios latinoamericanos, su presencia ha aumentado dentro del gremio periodístico debido a que en el año 2000 representaban el 27% de los periodistas y actualmente son el 41%, según el informe presentado por Global Monitoring project of Media (GMMP, 2015).

En Suiza, a principios del siglo XXI, las mujeres estaban representadas en todas las áreas informativas del periodismo, excepto en el deporte, con un porcentaje cercano al 27% (Marr y col., 2001), mientras que, en 2008, el 35% de todos los periodistas en Suiza es mujer. Un dato que es respaldado por otros estudios previos que encontraron que la proporción de mujeres periodistas en el país helvético ha ido aumentado de forma constante (Bonfadelli y col., 2012).

El número de mujeres periodistas en los rangos de edad más jóvenes es mucho más alto que en los de mayor edad. A pesar de que pueden ofrecerse varias explicaciones al respecto, tal y como hicimos en el apartado de discusiones de este trabajo, debemos agregar que en el mundo está ocurriendo una situación similar a la de Ecuador, donde, de acuerdo a Oller y Viera (2019), dos de cada tres estudiantes universitarios de Periodismo y Comunicación Social en el país andino son mujeres. De ahí que, la lógica cuantitativa establezca de forma clara que un mayor número de mujeres se incorporará a la profesión periodística. El desafío para estas mujeres en todo el mundo consiste en permanecer en la profesión y continuar trabajando como periodistas (Beate y Oller, 2018), en romper el techo de cristal, la segregación horizontal y/o el leaking pipeline que les impide progresar profesionalmente hasta alcanzar los niveles más altos de responsabilidad y en lograr igualar el número de trabajadoras en periodismo con el de otras profesiones donde la equidad de género está más consolidada.

Junto a la edad y el género de los y las periodistas, su experiencia profesional emerge como el indicador más fuerte de estabilidad y posicionamiento dentro del periodismo. En primer lugar, debido a la correlación entre la edad y los años de experiencia profesional, ya que los grupos compuestos por periodistas de más edad y experiencia se caracterizan por una mayor presencia masculina, favorecida por las buenas condiciones de empleo y salariales. En segundo lugar, en los países menos industrializados y con índices de desarrollo menores, la edad de los periodistas es inferior, incluso más que en el resto de fuerza de trabajo (Beate y Oller, 2017), y cuentan con pocos años de experiencia profesional. En muchos casos debido a los bajos salarios y las precarias condiciones de trabajo, que hacen que los periodistas, principalmente las mujeres, permanezcan en la profesión por mucho menos tiempo.

En promedio de ocho de cada diez periodistas en todo el mundo tiene un título universitario (licenciatura, maestría o doctorado), lo que representa un aumento de más del 20% en comparación con el primer informe global sobre periodistas publicado por Weaver (1998). Las cifras obtenidas en WJS confirman un movimiento del mercado mediático enfocado en la generación de una fuerza de trabajo periodística caracterizada por su alto nivel educativo, un requerimiento que provoca que los periodistas más jóvenes ingresen en su mayor parte a la profesión con un título bajo el brazo. Una mirada contrastada de los indicadores de educación y género confirma que las mujeres están mejor formadas que los hombres, ya que nueve de cada diez mujeres periodistas tienen títulos universitarios por ocho de cada diez de ellos. Una diferencia que también afecta a la especialización. Como se mencionó anteriormente, las estudiantes femeninas superan en número a los estudiantes varones en los estudios de Periodismo y Comunicación en una relación de dos a uno e, incluso, de tres a uno. Una realidad que queda reflejada en las redacciones de los medios, donde siete de cada diez mujeres periodistas con un título universitario se ha especializado en Periodismo -en otros campos de comunicación o en ambas-, mientras que solo seis de cada diez de los periodistas varones está especializado.

Por lo tanto, si las mujeres están mejor formadas y más especializadas, la cuestión a discutir en este punto sería la disparidad de género existente dentro de las redacciones en torno al reconocimiento de estas por sus pares masculinos e, incluso, por sus compañeras. Tal y como destacan Volz y Lee (2013), las mujeres periodistas enfrentan una desventaja general de género al tener que adquirir mayores recursos (título de grado y posgrado, especialización, educación metropolitana, etc.) que sus homólogos varones para que les sean reconocidos los mismos logros.La baja afiliación sindical y gremial de las mujeres y la generalizada disminución de los niveles de asociacionismo profesional de los periodistas son los indicadores más claros de los cambios que ocurren en el periodismo. No solo apunta a la fragmentación de la profesión periodística, sino también al hecho de que la centralidad de la redacción como espacio de trabajo está disminuyendo. “En toda América Latina solo uno de cada tres periodistas pertenece a alguna asociación profesional” (Amado, 2017: 327), y en Europa y América del Norte la caída de la membresía sindical se percibe como el resultado directo de las transformaciones del sector de los medios, donde el impacto digital en la producción y distribución de noticias está teniendo una huella significativa en el trabajo de los periodistas. Con la diversificación y el dinamismo de los estados de los periodistas y los cambios en la percepción y la naturaleza de la profesión resulta aún más difícil para las mujeres periodistas verse a sí mismas como parte de un cuerpo profesional masculinizado coherente.

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