ARTÍCULO: “Todo comunica” (publicado en el diario El Telégrafo, diciembre 2014)

El pasado diciembre me encontraba en un Congreso Internacional de Comunicación y Periodismo en la región central del Ecuador. Un auditorio repleto, frente a un público que superaba el medio millar de oyentes. En ese momento, entre los asistentes, surgían cientos de preguntas y dudas en torno a la actualidad periodística y comunicativa del país. Más aun debido a que frente a ellos se encontraban sentadas, en sus respectivas sillas, dos chicas que permanecían inmóviles manteniendo una postura similar. Ambas fijaban sus miradas al frente y permanecían en silencio. La primera de ellas tenía pelo oscuro y lacio, de estatura media-baja, vestía un atuendo tradicional de su comunidad indígena -que la identificaba como parte de ella- y tenía 23 años de edad. La segunda chica vestía ‘smart casual’, tenía cabello corto, 30 años de edad y rasgos europeos -acordes a su alta estatura-.

En esta tesitura, se dirigieron dos preguntas al auditorio: ¿qué les plantea esta situación comunicativamente hablando? ¿Qué les transmiten estas dos chicas sentadas frente a ustedes?

A un breve murmullo de desconcierto en el auditorio le siguió un silencio asentado en la duda. En vista de la falta de respuestas, me limité a darles la solución al enigma de forma breve y concisa: todo comunica. Aunque encontremos dos personas frente a nosotros, que supuestamente mantienen una misma actitud y no realizan nada en especial, en todo momento nos muestran y nos expresan algo concreto y preciso a través de su aspecto, actitud, vestimenta, estilo, etc.; consciente o inconscientemente. Todo comunica. Por lo tanto, en un contexto diverso como el ecuatoriano, si el periodista pretende penetrar profundamente en la población, debe tener presente que todo gira en torno a una estructura en la que la información de forma dinámica se cohesiona y disgrega; converge y diverge. Donde existe un proceso comunicativo globalizado que parte desde lo local y del que todos formamos parte.

A través de esta reflexión se muestra que, tanto por parte de los comunicólogos como de los periodistas, deben existir una coherencia y una consistencia dentro de la carrera periodística basadas en el profesionalismo. Debemos formar periodistas que tengan en cuenta no solo a la generalidad de la población, sino que sean capaces de atender a toda la sociedad en su totalidad, conociendo su diversidad y riqueza. Además, estos profesionales de la comunicación deben conocer que se enfrentan al carácter dinámico y de continuo cambio de una profesión que se propone dentro de un mundo diverso, donde las fronteras traspasan los límites geográficos, sociales, políticos y digitales. Donde definir comunicativamente a una población desde un punto de vista estático y sectorizado se antoja simplista y reduccionista.

En un mundo en el que la información engloba y envuelve todo, donde toda la sociedad participa y colabora de forma activa en el proceso comunicativo a través de las redes y movimientos sociales/comunicacionales, el profesional de los medios de comunicación actúa no solo como emisor, sino como canalizador y gestor de la información que generan los usuarios. Estos motivos, entre otros, provocan que los jóvenes estudiantes de Periodismo o de Comunicación Social de nuestras universidades representen el presente y el futuro de la comunicación. No solo dentro de un país o región concreta, como puede ser Ecuador, sino de cualquier país o región del mundo.

En este punto del texto, donde hemos dejado claro que los periodistas actúan en un gran número de ocasiones como canalizadores de la información, observamos que la cultura periodística ecuatoriana se basa en un periodismo anexado al paraguas del modelo comunicativo ‘intermedio’. Concepto que alude a la idea de diversidad cultural y mediática fundamentada en la idiosincrasia histórica y cultural del Ecuador. País que a su vez queda formado por un sistema mediático característico que difiere de los modelos de periodismo estandarizados que conforman las denominadas culturas periodísticas occidentales. A pesar de ello, la realidad mediática ecuatoriana nos muestra que no podemos hablar de un modelo comunicativo de forma aislada y descontextualizada, sino de una cultura periodística ecuatoriana con unas características propias, influenciada a su vez por otras culturas periodísticas a nivel global e interconectada a través de redes físicas y digitales.

Esta tesitura nos obliga a los investigadores a profundizar y contextualizar nuestros análisis. Si planteamos el conocimiento desde el punto de vista de la sustantividad, precisamos partir de la alegoría -dicha por un tahitiano a Gauguin- ‘de dónde venimos, quiénes somos y a dónde vamos’. Debemos realizar un ejercicio de autocrítica y reflexión donde determinemos las particularidades que definen Ecuador -positivas y negativas- y las características comunes con otros países, no solo de la región andina, sino de toda América Latina. Región latinoamericana donde el fenómeno ‘glocal’ se manifiesta hoy más que nunca en todos sus estratos: comunicacionales, sociales, profesionales, políticos, económicos y culturales.

De modo que, aunque aparentemente encontremos dos culturas periodísticas similares -como las chicas de nuestro ejemplo- basadas en comportamientos o sistemas mediáticos similares, siempre encontraremos características que las diferencian y forman su esencia distintiva y propia. Tan solo tendremos que observarlas atentamente ya que, como dijimos al principio, todo comunica.

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