VII Congreso Internacional en Gobierno, Administración y Políticas Públicas, del 3 al 5 de octubre, 2016

Estimados compañeros,

les comunicamos que Palmira Chavero y un servidor coordinaremos el Panel “La Cultura Periodística Iberoamericana. La pluralidad de una identidad propia regional” en el VII Congreso Internacional en Gobierno, Administración y Políticas Públicas que se llevará a cabo en Madrid del 3 al 5 de octubre, 2016.

DESDE LA PASADA SEMANA (31 de marzo) ESTÁ ABIERTA LA CONVOCATORIA PARA PRESENTAR LAS PROPUESTAS A ESTE PANEL.

¡LES ESPERAMOS EN ESTA INTERESANTÍSIMA DISCUSIÓN EN TORNO A LA COMUNICACIÓN Y EL PERIODISMO EN IBEROAMÉRICA¡

Cartel VIII congreso GIGAPP

 

  • Objetivos / productos esperados

Esta propuesta posee cuatro objetivos principales:

– Comparar la situación de la comunicación y el periodismo en los distintos países latinomericanos, con el fin de rastrear la evolución diferencial que tienen lugar en condiciones contextuales similares pero a la vez divergentes.

– Evaluar el estado del periodismo y de los periodistas en América Latina en un momento de grandes cambios dentro de cada una de las subregiones (Cono Sur, región Andina, América Central, Norte América y el Caribe)

– Evaluar los principales factores contextuales (sistema político, económico, social, mediático, tecnología, etc.) que determinan los tipos de periodismo en América Latina.

– Fomentar la colaboración internacional y el intercambio de conocimientos en los estudios de periodismo y contribuir a la creación de una institución académica que estudie comparativamente el estado del periodismo en intervalos de tiempo regulares en América Latina.

  • Eje/s temáticos

El periodismo puede no ser considerado en ocasiones como una profesión en toda regla, pero debe ser visto en todo momento como una institución social o cultural. Como institución, el periodismo tiene funciones específicas y realiza funciones específicas para la sociedad. Las prácticas periodísticas se encuentran dentro de un marco profesional de valores, normas y rutinas.

Los siguientes conceptos clave, que son vistos comúnmente como aspectos clave del periodismo, constituyen el objeto de este grupo de interés:

  • El rol profesional de los periodistas latinoamericanos
  • La objetividad como ideal o como método periodístico
  • La ética periodística y los códigos deontológicos
  • La autonomía profesional del periodista en América Latina
  • La confianza y la credibilidad del periodismo y de los periodistas
  • Las influencias percibidas por los profesionales de los medios
  • El acceso a la información de los periodistas
  • La auto/censura
  • Los cambios en el periodismo de hoy en día
  • Periodismo online / offline
  • La tecnología dentro de los medios de comunicación
  • Rutinas periodísticas
  • Los riesgos de los periodistas y de los medios
  • La relación de los periodistas y los medios con los poderes constitucionales (ejecutivo, judicial y legislativo) y fácticos (económicos, asociaciones, etc.).
  • Los estudios comparativos internacionales

Estos temas se encuentran en el centro de la investigación periodística actual en la región, poseyendo una utilidad práctica directa tanto para los periodistas como para la sociedad en general.

  • Propuesta

Esta propuesta analiza el periodismo como una institución dentro de cada país que forma América Latina. De acuerdo con las teorías institucionales, las instituciones se definen como “los patrones sociales de comportamiento identificados dentro de las organizaciones que forman una sociedad presiden la esfera social a nivel particular” (Cook, 1998: 70). Cook (1998) sostiene que los medios de comunicación cumplen con los tres criterios que son esenciales para las instituciones de acuerdo con el enfoque que defienden: las prácticas periodísticas se basan en los roles característicos, las rutinas, las normas y los procedimientos; estas prácticas han perdurado en el tiempo y se extienden a través de las organizaciones informativas; y los medios de comunicación son vistos por los periodistas, así como por los demás, como órganos determinantes que determinan la vida social. En un enfoque similar, Sparrow (1999) conceptualiza los medios de comunicación como una institución que representa un bien público y ejerce el rol de guardián de un sistema político democrático. En la tradición de las teorías de diferenciación, Bourdieu (1998, 2005) aboga por una conceptualización relacionada y cada vez más popular del periodismo como un campo social que se rige por una lógica diferente.

La cultura periodística

Definir la cultura periodística es un proceso tan complejo como explicar en un plano general qué es la cultura como forma de vida. Las actitudes de los periodistas, a grandes rasgos, se encuentran arraigadas dentro de unas esferas de sentido que modelan los valores típicos y tradicionales de una conducta profesional común. Este concepto se sitúa en la frontera que forman las distintas culturas nacionales (Hofstede, 1980). Para Hanitzsch (2007: 374) la cultura periodística engloba:

  1. a) El conjunto de las principales orientaciones (valores, actitudes y convicciones).
  2. b) Las prácticas y los artefactos (productos y textos) presentes en el trabajo de los profesionales de la información.

La cultura periodística, por lo tanto, construye los rasgos identitarios de los roles y de las rutinas que, en un plano abstracto, representan el marco simbólico de un colectivo. Su conocimiento, entonces, resulta esencial para el profesional porque la cultura periodística delimita el perímetro que rodea a su actividad laboral. De acuerdo con Esser (2004: 155), las diferentes culturas no pueden ser entendidas como comunidades de valores homogéneos, sino más bien como híbridos en los que intervienen elementos tradicionales nacionales ligados a otros internacionales, interactuando entre ellos de forma dinámica.

Las culturas periodísticas intermedias

A partir del concepto sugerido por Bourdieu1 (1984: 359) de “intermediarios culturales”, y del punto de vista de Zelizer (2004: 52) que habla de los periodistas como una “comunidad interpretativa” basada en la selección subjetiva, podemos llegar a una reconceptualización del papel de los medios de comunicación y de los periodistas en países donde la cultura periodística difiere del concepto de cultura periodística occidental. Bourdieu (1984: 99-114), a través de su teoría de los campos sociales aparecida en el capítulo 2º en The social space and its transformations de su libro Distinction: A social critique of the judgment of taste de 1984, define los límites periodísticos como profesión, y cómo estos se entrecruzan con otros campos profesionales como el de la política y el de la economía. Por lo que, a partir del punto de vista de Bourdieu (1984) y de Zelizer (2004), podemos señalar que el periodismo en los países en vías de desarrollo y con regímenes políticos no democráticos puede también crear una comunidad mediática particular y característica que comparte un conjunto común de reglas. De este modo, conseguimos establecer un ámbito de trabajo determinado con el que desentrañar las distintas identidades profesionales dentro de la cultura periodística moderna de estos países, que se definen a partir del concepto de presentación y representación dado por Bourdieu (1984). Motivo por el cual Zelizer (2007: 25) establece que el periodismo se muestra como un campo social interpretativo de la comunidad en la que se encuentra, con sus propias reglas y discursos. Una circunstancia que hace que el periodismo aparezca en una situación de constante negociación y relativización con respecto de las diferentes perspectivas culturales.

Lo argumentado hasta ahora nos lleva a plantear tres puntos fundamentales en el tratamiento y análisis de los periodistas y del periodismo en América Latina como parte del campo social, político, económico y mediático:

1) La definición de los periodistas como tales en sus sociedades y para los académicos en sus estudios respectivos.

2) Las posibles definiciones del periodismo en esta región.

3) La problemática localización de una organización vinculada a los principales sistemas estructurales (político, social, económico, mediático, etc.) de cada uno de los países que forman América Latina.

En conclusión observamos que para comprender las culturas periodísticas latinoamericana -que difieren del concepto estandarizado de cultura periodística occidental-, es necesario:

1º Definir a los periodistas como productores simbólicos, capaces de conceptualizar, construir y transmitir los significados de las formas culturales; pero también de articular y difundir las ideologías que identifican a una nación.

2º Subrayar la relevancia de estos gestores simbólicos porque en esos países (poscoloniales y en vías de desarrollo) son los principales productores de los significados estratégicos que ordenan la realidad (Mahon, 2000).

A pesar de que en ocasiones, como hemos escrito ya y como ratifica Zelizer (2007: 21), se toma a menudo la cultura periodística occidental (dominada por la variante anglo-americana) como ejemplo o como estándar, en la actualidad existen numerosas prácticas periodísticas distintivas a lo largo de todo el mundo determinadas por los contextos donde se ubican, al igual que por sus rasgos sociales, políticos, económicos y culturales. Hoy en día, existen características comunes y diferenciadoras que definen las diversas formas de ejercer el periodismo a nivel internacional. Estas singularidades son las que nos llevan a intentar esclarecer los rasgos distintivos y comunes de la cultura periodística en las distintas regiones del globo. 

La cultura periodística de América Latina

La historia moderna de América Latina está salpicada de una serie de problemáticas y cuestiones que han definido la idiosincrasia de esta región debido a que es un territorio multicultural formado por un enorme mosaico de identidades y culturas híbridas (García-Canclini, 1990). Lo que le lleva, desde una perspectiva mediática, a presentar un conjunto de sistemas más diverso que homogéneo (Buckman, 1996) y resulte muy complicado establecer un marco estructural común para esta región (Mellado, 2009a). A pesar de estas dificultades, existen unos rasgos comunes que la caracterizan:

  • Los Gobiernos totalitaristas; la inestabilidad; los cambios de poder continuos, traumáticos y abruptos y las transiciones a democracias representativas a lo largo de los últimos años: “Durante la década de los ochenta los países de América Latina fueron pasando de regímenes militares a gobiernos electos democráticamente” (ej. Argentina, Brasil y Uruguay) (Rodríguez y Murphy, 1997: 35).

Esta situación ha provocado que aún hoy en día la mayor parte de los países de América Latina cuenten con un bajo nivel de desarrollo democrático[1]. Porque aunque, como afirman Mellado y Lagos (2013: 10), “en muchos países Latinoamericanos, la descentralización y la regionalización han sido consideradas como prioritarias en el proceso de redemocratización. La centralización y ciertas tomas de decisiones han marginado la participación regional en muchos países, aspecto que indudablemente ha afectado al desarrollo de los medios y de su operatividad”. Además, se mantiene una marcada brecha a nivel ideológico y político. En un extremo “se observa a partir de 2010 una tendencia de ruptura con la irrupción de una ‘nueva derecha’ que se desarrolla en forma desigual en los diferentes países de América Latina” (Cancino y Christensen, 2010: 11). Y en otro extremo, los partidos de ‘izquierda renovados’ que abandonaron la estrategia de la toma del poder por la vía insurreccional e integraron en sus principios ideológicos la democracia como un valor permanente en sus concepciones de la sociedad” (Cancino y Christensen, 2010: 13).

  • Asociado al anterior, en la región Latinoamericana existe actualmente una crisis de credibilidad, aunque es una reacción que está sucediendo a nivel global. En parte de los gobiernos mundiales se está produciendo una falta de liderazgo que está llevando a sus líderes políticos a tener unos índices de credibilidad cada vez menores[2]. Actitud que se caracteriza por un mínimo grado, o incluso a una ruptura en los casos más graves, de la cooperación e interacción del Estado con los actores sociales. Lo que se traduce en una reducción del orden social con graves consecuencias a nivel económico.
  • La disputa existente en torno al significado de “integración continental” (Caccia Bava, 2009) debido a una cultura autoritaria y discriminatoria, las disputas políticas y la diversidad cultural y social provocada por “un crisol de distintas, heterogéneas y diferentes razas y culturas, provenientes de la unión de los indígenas con europeos, africanos y emigrantes asiáticos” (Zárate, 2011: 1). Prueba de ello es que en la actualidad, América Latina sigue siendo una de las regiones con mayores diferencias sociales y económicas del mundo [figura 3]. Aunque no puede obviarse que “la región Latinoamericana ha sufrido, y sufre, problemas de pobreza, inequidad socio-económica y exclusión (Zárate, 2011: 1), los esfuerzos realizados van dando sus frutos en los últimos años, consiguiendo que el nivel de pobreza haya descendido en gran parte de los países[3].

De modo que a pesar de hablar de un continente unido a nivel económico, cultural, político y social existen discrepancias que no permiten esta cohesión, aunque existan fines comunes como el de crear una sociedad civil estable, equitativa y con un sentido crítico capaz de asumir el ejercicio responsable de ciudadanía.

  • El efecto contrario al anterior en los últimos años, basado en la asimilación de la diversidad cultural y social de cada una de las regiones Latinoamericanas definidas por ser territorios multiculturales formados por un amplio mosaico de identidades y culturas híbridas (García-Canclini, 1990). Ya que, como argumenta Shome (2012: 147), “las étnias minoritarias tienen una identidad cultural que no es solo diferente a las culturas dominantes, sino que los investigadores han abogado por un multiculturalismo que reconoce la identidad de estos grupos marginados”. Factor fundamental en el estudio de las culturas periodísticas, ya que “el tipo de ciudadano en un determinado ambiente y momento político, social e histórico es un factor que debe tenerse en consideración cuando se analizan los sistemas mediáticos y los distintos modelos periodísticos” (Mellado y Lagos, 2013: 12).
  • La polarización de las políticas económicas entre neoliberales (últimas tres décadas) y las reacciones contrarias a estas por haber propiciado un incremento de las actitudes discriminatorias y segregadoras y el incremento de problemas de pobreza, inequidad social. La implantación de políticas neoliberales fueron un instrumento ideológico al servicio del capital privado productor de un desarrollo dispar a favor de unas pequeñas minorías privilegiadas y en contra de una mayoría marginada formada en su mayor parte por grupos socialmente subyugados como indígenas o población afrodescendiente. Este modelo en América Latina se propuso a partir de los modelos liberales surgidos en Inglaterra, Francia o Estados Unidos y se aplicó sin ningún tipo de parámetro contextualizador; basado únicamente en el trinomio formado por los núcleos político, moral y económico inherentes al liberalismo (Zárate, 2011).

Esta situación ha provocado unas políticas económicas diametralmente opuestas. Por un lado, a finales del siglo pasado, cuando en casi todos los países de América Latina se introdujo el pensamiento neoliberal como ideal. Y por otro lado, durante la primera década del siglo XXI caracterizada por una tendencia bipolar, donde existió un relativo consenso sobre la deseabilidad de mantener políticas económicas liberales -como en el caso de Chile y Brasil- (Burges, 2010; Cancino y Christensen, 2010) y otra tendencia contraria basada en una política social -con los ejemplos de Venezuela, Bolivia y Ecuador-.

  • El aumento cuantitativo y cualitativo de la participación ciudadana y los movimientos sociales: “la esfera pública no está ahora solo reservada para los actores institucionales o ilustrados, desde ahora esta es entendida desde un punto de vista de sociedad civil” (Maigret, 2005: 362; Cañizález, 2011: 28). La importancia de los movimientos sociales, dentro de las realidades Latinoamericanas, ha provocado una dinámica comunicacional donde todo forma parte del aparato social global, un aparato social que ha presionado para la creación de un nuevo escenario político basado en gobiernos de izquierda y afianzados en unos movimientos sociales firmes de apoyo a estos.

Además, las innovaciones democráticas han abierto nuevos caminos a través de la institucionalización de la participación ciudadana. La capacidad y la posibilidad de participación ciudadana, cuando se habla de comunicación, parte de la posibilidad de acceso a la información de la población. Si los ciudadanos no tienen este acceso, no pueden ejercer un rol activo con capacidad de decisión dentro del proceso democrático. Y de igual modo, los estamentos democráticos no pueden retroalimentarse a partir del feedback del ideario de la población, componente fundamental de la renovación ideológica en la que se basa toda democracia que goce de buena salud. Por este motivo, el papel de la comunicación institucional de los gobiernos y las entidades públicas se hace indispensable al actuar como elemento vertebrador y canalizador de la información elaborada, producida y dirigida a los ciudadanos.

  • La alta proporción de Latinoamericanos que prefiere un desarrollo económico antes que la consolidación de la democracia[4]. Según Caputo (2004), a una gran parte de la población de América Latina no le importaría mucho que regresara al autoritarismo en aras de un mayor bienestar material.
  • La existencia de profundas influencias sociales y políticas procedente de países del sur de Europa como España o Portugal (Buckman, 1996) y las influencias ideológicas y religiosas sustentadas en la iglesia católica (Winn, 2006).
  • El flujo de migración que ha ido incrementándose en todo el continente y hacia las capitales europeas, provocando cambios en el dibujo de los límites de las distintas culturas Latinoamericanas (Waisbord, 1998; Zárate, 2011).
  • Los medios de comunicación en América Latina a través del tiempo han mantenido una constante tendencia hacia la concentración (Sánchez, 2009) en unos casos; y, en otros muchos casos, “el rol del Estado ha ejercido una influencia sobre el sistema mediático más negativa que positiva con respecto a la libertad de prensa a partir de su intervención en el sistema de radiodifusión de servicio público y las fuertes protecciones legales” (Hallin y Mancini, 2012: 297).
  • En las últimas décadas, dos fenómenos muy importantes han cambiado la sociedad Latinoamericana y global: la globalización y la digitalización (Carelli, 2014). Según Martín-Barbero (2014: 138), “la globalización no es un mero avatar de la economía y el mercado, es un movimiento que construye comunicación e información, la llave a un nuevo modelo de sociedad. Esta empuja a todas las sociedades a un incremento de la conexión y los conflictos dentro de la red, exponiendo a las culturas entre sí como nunca antes”.

Además, esta relación entre la cultura y la tecnología está definida por un marcado determinismo tecnológico. Estos son procesos que dramáticamente están cambiando la cultura Latinoamericana: la revitalización de la identidad y la revolución tecnológica (Zárate, 2011). Definitivamente, las tecnologías 2.0 están transformando los espacios destinados a la interacción y la participación (Said y Arcila, 2011); favoreciendo el proceso de “universalización” (Cancino y Christensen, 2010).

Como se puede apreciar, en América Latina la historia de los medios de comunicación y su cultura periodística ha ido evolucionando paralelamente, y se ha influenciado mutuamente, dentro de un contexto de inestabilidad económica y enormes trasformaciones políticas (Rodríguez y Murphy, 1997). Concretamente, Senecal (1986) se refiere a la lógica comercial, del Estado y de los movimientos sociales y culturales. Roncagliolo (1996) distingue una lógica económica basada en los beneficios que caracteriza a los medios comerciales masivos; una lógica política identificada con los medios de comunicación del Estado o los que están asociados a ciertos partidos políticos y la lógica socio-cultural que define los medios comunitarios. Y Brunetti (2000) afirma que si los medios de comunicación añaden el elemento educacional, este podría girar fácilmente a que los agentes activos mejoren las condiciones y habilidades de su público.

La situación actual de los periodistas en América Latina

Durante las últimas décadas se observa un constante aumento de las investigaciones sobre el periodismo y el rol del periodista. Algunos de los principales estudios son los llevados a cabo por Weaver (1998); Johnstone, Slawski y Bowman (1976); Donsbach y Patterson (2004); o Hanitzsch (2007). Sin embargo, “gran parte de ellas no ha tenido en cuenta el análisis contextual y se han limitado al estudio de los individuos de forma aislada y sin tener en cuenta el sistema mediático, cultural, político, social y económico que rodea a los profesionales de la información” (Oller y Meier, 2012: 23). A esto se une que “uno de los principales problemas surgido al estudiar el periodismo y al periodista en América Latina es lograr definir un marco estructural común que lo(s) define” (Mellado, 2009b: 194). A pesar de esta falta de homogeneidad, existen unos rasgos comunes que definen la situación de los periodistas en América Latina, ya que se ven obligados al multiempleo, a la precariedad laboral y a la pérdida e inestabilidad profesional[5] (Iglesias, 2004). Una encuesta llevada a cabo en 2011 por el grupo de investigación de “Clases de Periodismo” y dirigida por su directora Esther Vargas a 463 periodistas, refleja una parte de la dura realidad que afrontan los periodistas en América Latina:[6] “Al tiempo de vivir bajo los riesgos de la delincuencia, del narcotráfico y de las presiones del poder, a los reporteros y editores les toca –en muchos casos– sobrevivir con bajos sueldos, lo que le lleva aceptar varios trabajos freelance, a vender publicidad y a laborar en dos y hasta tres medios”. Además del dato numérico, esta encuesta permitió recoger una serie de testimonios que evidencian la deprimida situación laboral de los periodistas. A esto se une que América Latina fue la segunda región más peligrosa para periodistas en 2011, solo después de Oriente Medio. Se registraron 18 casos de reporteros asesinados según el informe anual de la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF)[7].

La primera década del siglo XXI ha ido definiendo los rasgos y características del mercado laboral mediático de América Latina (Mellado, 2009b: 197): “Libre mercado, alta migración, problemas ambientales, flujos globales de finanzas, demandas sociales insatisfechas, alta concentración económica e intento de instauración de la sociedad del conocimiento, donde la revolución tecnológica, la convergencia mediática y el papel del consumidor han transformado los ritmos y los modos en que se producen los mensajes y, con ello, las formas de expresión del periodismo”.

Además, como afirma Rincón (2010a: 7), existe un divorcio entre los medios de comunicación y los periodistas:

Los medios son distintos a los periodistas. En América Latina los medios de comunicación optaron por defender el negocio y por eso se convirtieron en actores políticos con agenda de modelo liberal de mercado. Los periodistas y la calidad de información no interesan. Por tanto, los periodistas se están quedando sin credibilidad, sin trabajo y sin lugar en el mundo. Los medios siguen siendo buenos negocios. La noticia: el periodista es abandonado y asistimos a su separación de ‘su esposo’, los medios de comunicación. Estos cambios que se están produciendo a principios del siglo XXI no son un hecho aislado dentro de una región o de un mercado concreto en América Latina. Se están produciendo a nivel global debido a la existencia de una gran concentración en los medios, a la transformación de las estructuras mediáticas y al efecto de globalización como medio de adaptación a las nuevas necesidades de los mercados. Si realizamos un análisis pormenorizado a nivel global observamos cómo todas estas características se están produciendo en otros muchos países en todo el globo (Oller y Barredo, 2013: 36).

  • Fechas importantes

Desde el 7 de marzo hasta el 7 de septiembre, 2016: presentación de propuestas en forma de resumen con un máximo de 1 página (la propuesta debe incluir cinco palabras clave y algunas referencias relevantes y recientes).

– 7 de septiembre, 2016: aprobación de las propuestas (los autores serán notificados en el menor tiempo posible sobre la aceptación de sus papers).

– 14 de septiembre, 2016: presentación del paper.

– 21 de septiembre, 2016: aceptación del paper.

Los paper pueden ser presentados en español y portugués. Los resúmenes deberán presentarse en español e inglés seguidos de cinco palabras clave. Por favor, deben incluir en sus propuestas los nombres y apellidos del autor/es, la afiliación y el e-mail de contacto.

Las propuestas deben ser enviadas a: martin.olleralonso@gmail.com; pchavero@gmail.com

La aceptación de los paper será notificada vía e-mail.

  • Página web de la convocatoria en el congreso:

http://www.gigapp.org/index.php/congreso/congreso-2016

 

 

[1] Recuperado 18/02/15: https://portoncv.gov.cv/dhub/porton.por_global.open_file?p_doc_id=1034  (Democracy Index, 2012).

[2] Según el informe del Latinobarómetro (2011).

[3] Recuperado 19/02/15: http://www.undp.org/content/dam/venezuela/docs/undp_ve_IDH_2013.pdf (Informe sobre Desarrollo Humano, 2013).

[4] Según una encuesta realizada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

[5] Datos obtenidos de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap) en su memorando del Día de la Prensa Libre en 2002.

[6] Esta encuesta se realizó en los siguientes países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

[7] Recuperado 18/02/15: http://es.rsf.org/ (Reporteros sin Fronteras, 2011).

 

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