Preocupación de los periodistas del sur de Europa sobre los encuadres negativos hacia la inmigración

Investigadores de las universidades de Salamanca (España), Milán (Italia) y Salónica (Grecia) apostaron por conocer los procesos migratorios y la imagen que de ellos se muestra, de acuerdo con la opinión de algunos de los principales periodistas expertos en la materia.

El estudio ha sido publicado en Journalism Practice, una de las revistas científicas en comunicación con mayor factor de impacto del mundo, y ha sido financiado con fondos de la Unión Europea.

Los movimientos migratorios ocupan cada vez más espacio mediático y forman parte de la agenda política y discusión social desde hace varios años. Aún más desde que en 2015 se denominó “crisis de los refugiados” al incremento de flujo de personas que fueron forzadas a viajar a Europa a través de distintas vías en un periodo de tiempo muy limitado. Muchos han culpado a los medios de comunicación de ser parciales y atender a determinados intereses. Sin embargo, el fenómeno es mucho más complejo y, ¿quién mejor que los propios periodistas especializados en migraciones para hacernos comprender la problemática que existe detrás de la representación mediática de las personas migrantes, refugiados, solicitantes de asilo y en tránsito?

Tras entrevistar a noventa y cuatro periodistas especializados en temas de migración en España, Italia y Grecia, un estudio publicado recientemente llegó a la conclusión de que los propios periodistas están de acuerdo en tres grandes problemas sobre la cobertura informativa que se realiza sobre el tema. El primero, es la vinculación de la migración con temas negativos como la violencia, la marginación, la inseguridad o la perdida de identidad; el segundo, es el enfoque mediático puesto en los procesos de llegada de personas con mayor nivel de vulnerabilidad, como los naufragios, los conflictos en el cruce de fronteras, el cierre de puertos, las vallas o los barcos cargados de gente; y, el tercero, es la generación de un marco informativo simplista y limitado, encuadrado en determinadas partes de la información, como lo son el origen, el trabajo, las fugas o la identidad étnica. Todos estos puntos tienen en común un encuadre negativo de la inmigración.

Lo cierto es que, en el tratamiento informativo sobre la inmigración, existe una “responsabilidad compartida” entre los medios y los periodistas, según explica Carlos Arcila Calderón, profesor de la Universidad de Salamanca y autor principal del estudio. Por ello, si bien los medios marcan las agendas políticas locales, regionales, nacionales e internacionales, los periodistas son conscientes de su papel en el tratamiento mediático que se les da a los temas sensibles para la sociedad, como es el caso de la inmigración.

El estudio, publicado en la prestigiosa revista Journalism Practice, señala que el incremento de la precariedad hasta puntos desmedidos en este periodo de crisis sanitaria provocada por la COVID-19 ha limitado también en gran medida el rango de acción de los periodistas. Los factores vinculados a las instituciones públicas y las consideraciones sociales, culturales, ideológicas e históricas han terminado de conformar el caldo de cultivo ideal para que, en un ambiente definido por el incremento de la polarización política, de fenómenos de desinformación, fake news y movimientos de odio -discursos y crímenes-, se genere un falso sentimiento de “pertenencia nacionalista”.

Según los datos cualitativos del estudio, los periodistas especializados en migración han destacado la importancia del lenguaje mediático en temas tan sensibles como el de movilidad humana y, por supuesto, la necesidad de dar voz a los verdaderos “protagonistas” de forma que se pueda trabajar de forma más humana, profunda y personalizada.

Dadas las preocupaciones de los profesionales de la información, el estudio se pregunta si existe o no un activismo en el periodismo de migraciones.  La mayor parte de los periodistas especializados en esta área defienden su implicación profesional, pero también personal en lo que se refiere al respeto de los derechos humanos de las personas más vulnerables, en especial los menores y las mujeres.

Para Martín Oller, otro de los investigadores del estudio, la mejor forma de disminuir los discursos discriminatorios o lesivos contra los migrantes y refugiados que circulan en los medios de comunicación consiste en fomentar la concientización del propio trabajo informativo que realizan los periodistas a la hora de escoger un encuadre noticioso. Asimismo, las conclusiones del estudio también sugieren que los códigos éticos de la profesión tienen que quedar reflejados de forma empírica en las publicaciones de los medios de comunicación. No basta con el hecho de que sean considerados códigos de conducta profesionales que se aconseja seguir. Estos deben ser unas normas de conducta para los periodistas que se reflejen de forma explícita en el trabajo periodístico, la información publicada y la propia opinión de los periodistas.

El estudio ha sido elaborado por investigadores de las universidades de Salamanca (España), Milán (Italia) y Salónica (Grecia) como resultado del proyecto europeo «Preventing Hate Against Refugees and Migrants (PHARM)», financiado con 362.131,85 euros dentro del programa Rights, Equality and Citizenship (https://pharmproject.usal.es). En el estudio participaron los investigadores Carlos Arcila Calderón, David Blanco, Maria Matsiola, Martín Oller, Theodora Saridou, Sergio Splendore y Andreas Veglis.

Enlace de descarga gratuida del artículo: https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/17512786.2021.2014347?journalCode=rjop20

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