Publicación del capítulo: «Ética(s) de los periodistas: Países musulmanes vs Norte global»

La editorial Dykinson, S. A. acaba de publicar el libro «El mundo Árabe e Islámico y Occidente. Retos de construcción del conocimiento sobre el otro». En él, el Dr. Basyouni Hamada y yo hemos colaborado con el capítulo «Ética(s) de los periodistas: Países musulmanes vs Norte global». Un trabajo que proviene del proyecto Worlds of Journalism Study, el estudio más amplio y ambicioso realizado en la historia sobre periodismo.

Enlace para descargar el libro de forma gratuita: https://www.dykinson.com/libros/el-mundo-arabe-e-islamico-y-occidente-retos-de-construccion-del-conocimiento-sobre-el-otro/9788413776422/

Las especificidades de las actividades periodísticas en los países occidentales y musulmanes respecto a las orientaciones éticas profesionales refutan lo que es un periodismo ético universal o cosmopolita capaz de asimilar y abogar por la universalidad de un periodismo ético occidental. Incluso, consideramos que Mellado et al. (2017) cayeron en un gran error al rechazar la idea de que el papel de la cultura es un buen predictor de la variación de la cultura periodística de determinados países y regiones. Nuestra propuesta analítica proporciona una perspectiva diferente, enfatizando el papel fundamental que juega la cultura hegemónica occidental en oposición a la islámica en la creación de prácticas periodísticas diversas. Más aún, la función reflexiva de la pluralidad cultural es respaldada firmemente en nuestro estudio; estando de acuerdo con los procesos de globalización.  Como Wang (2007: p. 83) lo expresa de forma precisa, “el sentido de ‘unión’ traído con la globalización no está en absoluto en conflicto con la diversidad”.

A lo largo de la historia humana, la difusión de los bienes materiales del centro a la periferia no ha transformado los valores culturales centrales de las sociedades receptoras (Huntington, 1996b). Este resultado nos lleva a repensar las premisas antropológicas fundamentadas en un movimiento periodístico dirigido hacia la idea de una ética global, ya que se plantean serias dudas sobre la posibilidad de difusión y adopción acrítica del modelo liberal y ética individualista occidental en todos los países y regiones del mundo. Nuestro estudio confirma que la práctica del periodismo es una función anclada a la pluralidad cultural. Los medios de comunicación mundiales han ocupado el centro del debate académico sobre la globalización debido a su papel en la intensificación de la dominación cultural de centro-periferia; un fenómeno que (re)plantea -aunque mejor sería decir que cuestiona- la cuestión de la universalidad de la ética occidental. Pensar en un mundo que se ha convertido en una aldea global con alcance mediático, responsabilidad y consecuencias globales requiere una cultura y ética global. La pregunta es ¿cuál es la ética destinada a gestionar el periodismo a nivel mundial? ¿Es la ética basada en los estándares occidentales? Además, si fuera así, ¿hasta qué punto sería por el bien de (toda) la humanidad?

Las ideas presentadas aquí son inconsistentes con la estandarización y uniformización de la cultura global. Lo que proponemos, en cambio, es una ética global híbrida dependiente de la amalgama cultural en la que el denominador común sea la aleación de valores fundamentales y normas que todas las culturas comparten, sin superioridad de la cultura occidental o inferioridad de las culturas no occidentales. Todas las culturas en un mismo plano en términos de tratamiento de las prácticas periodísticas éticas, especialmente cuando se trata de temas que se encuentran más allá de las fronteras nacionales.

Esta visión híbrida tiene que avalar las particularidades de cada cultura para preservar su carácter distintivo, tanto por los propios periodistas como por otros pertenecientes a otras culturas en caso de tratar temas de interés común. Tomemos, por ejemplo, la libertad de expresión, que es la condición más importante del libre pensamiento y el bienestar; sin embargo, existen cada vez más voces que apoyen que debe restringirse por motivos de incitación al odio religioso y el odio racial (Thompson, 2012). Uno de los ejemplos más sonados fue el de la publicación de las caricaturas del “Profeta Muhammad” en Dinamarca en 2005, que fue visto como un ejemplo de libertad de expresión ejercida por los periodistas por la cultura occidental y como blasfemia por la cultura islámica. Las peligrosas repercusiones de este evento, especialmente después de la republicación de Charlie Hebdo de las mismas caricaturas en 2015, representan un caso histórico de cómo el periodismo transfronterizo debería considerar una cosmovisión ética híbrida capaz de adaptarse a temas culturales, religiosos y políticos sensibles.

De acuerdo con el paradigma de la hibridación, la ética del periodismo es un proceso abierto del cual occidente y el resto de las regiones del mundo convergen para crear una fórmula equilibrada que abone un terreno común para todas las culturas, capaces de colaborar sobre la base de la comprensión y el respeto mutuo entre los pueblos más allá de su poder de influencia. Nuestros argumentos confirman lo expuesto por Christians (I995), que ofrece mayor valor a una ética comparativa e intercultural capaz de reconocer la igualdad y la inclusión cultural en lugar de la ética sesgada enfocada en la hegemonía occidental. Queda en evidencia, tanto en los estudios teóricos como empíricos, que la ética monocultural racional dominante occidental que determina lo que está bien y lo que está mal ha fracasado, debiendo ser reemplazada por una perspectiva relativista. La existencia de un amplio espectro de diversidad cultural no debe servir como una barrera para el desarrollo de la ética universal que da forma a las prácticas periodísticas. En cambio, significa que debemos estar atentos a la medida y los métodos por los cuales tenemos que formular modelos, teorías y prácticas profesionales que rigen el periodismo digital y culturalmente global. Hay que decir que este capítulo tiene las limitaciones de un estudio comparativo de este alcance. Aunque nuestros resultados proporcionan un fuerte apoyo a la existencia de los clústeres culturales y su influencia significativa en las orientaciones periodísticas, se necesitan más investigaciones para identificar el tipo de componentes culturales y su magnitud en este proceso.

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