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El concepto de cultura periodística

Definir la cultura periodística es un proceso tan complejo como explicar en un plano general qué es la cultura como forma de vida. Las actitudes de los periodistas, a grandes rasgos, se encuentran arraigadas dentro de unas esferas de sentido que modelan los valores típicos y tradicionales de una conducta profesional común. Este concepto se sitúa en la frontera que forman las distintas culturas nacionales (Hofstede, 1980). Para Hanitzsch (2007: 374) la cultura periodística engloba:

a) El conjunto de las principales orientaciones (valores, actitudes y convicciones).

b) Las prácticas y los artefactos (productos y textos) presentes en el trabajo de los profesionales de la información.

La cultura periodística, por lo tanto, construye los rasgos identitarios de los roles y de las rutinas que, en un plano abstracto, representan el marco simbólico de un colectivo. Su conocimiento, entonces, resulta esencial para el profesional porque la cultura periodística delimita el perímetro que rodea a su actividad laboral. De acuerdo con Esser (2004: 155), las diferentes culturas no pueden ser entendidas como comunidades de valores homogéneos, sino más bien como híbridos en los que intervienen elementos tradicionales nacionales ligados a otros internacionales, interactuando entre ellos de forma dinámica.

A lo largo del siglo pasado, se ha tomado como referencia la cultura periodística occidental, actuando en todo momento como modelo a seguir e incluso a imitar. Sin embargo, a través de este proyecto, exponemos la contextualización de la Cultura Periodística de Ecuador, ya que en la actualidad la práctica informativa varía de unos lugares a otros, determinada por los diferentes entornos sociales, políticos, culturales y económicos. La multiplicidad -o multipolaridad- del periodismo, nos ha conducido a estudiar las denominadas “culturas periodísticas intermedias”, definidas por poseer rasgos distintivos de la llamada “cultura periodística occidental”. Hoy, más que nunca, esas culturas fragmentadas pigmentan y desarrollan el concepto estático y monocromo basado en la estandarización de todos los rasgos periodísticos internacionales.

El concepto de culturas periodísticas intermedias

A partir del concepto sugerido por Bourdieu1 (1984: 359) de “intermediarios culturales”, y del punto de vista de Zelizer (2004: 52) que habla de los periodistas como una “comunidad interpretativa” basada en la selección subjetiva, podemos llegar a una reconceptualización del papel de los medios de comunicación y de los periodistas en países donde la cultura periodística difiere del concepto de cultura periodística occidental. Bourdieu (1984: 99-114), a través de su teoría de los campos sociales aparecida en el capítulo 2º en The social space and its transformations de su libro Distinction: A social critique of the judgment of taste de 1984, define los límites periodísticos como profesión, y cómo estos se entrecruzan con otros campos profesionales como el de la política y el de la economía. Por lo que, a partir del punto de vista de Bourdieu (1984) y de Zelizer (2004), podemos señalar que el periodismo en los países en vías de desarrollo y con regímenes políticos no democráticos puede también crear una comunidad mediática particular y característica que comparte un conjunto común de reglas.

De este modo, conseguimos establecer un ámbito de trabajo determinado con el que desentrañar las distintas identidades profesionales dentro de la cultura periodística moderna de estos países, que se definen a partir del concepto de presentación y representación dado por Bourdieu (1984). Motivo por el cual Zelizer (2007: 25) establece que el periodismo se muestra como un campo social interpretativo de la comunidad en la que se encuentra, con sus 1 “No podemos plantear las prácticas culturales a menos que la cultura, en sentido estricto y ordinario, sea asociada a la cultura en sentido antropológico”. A 20 propias reglas y discursos. Una circunstancia que hace que el periodismo aparezca en una situación de constante negociación y relativización con respecto de las diferentes perspectivas culturales. Lo argumentado hasta ahora nos lleva a plantear tres puntos fundamentales en el tratamiento y análisis de los periodistas como parte del campo social mediático: 1) La definición de los periodistas como tales en sus sociedades y para los académicos en sus estudios respectivos. 2) Las posibles definiciones del periodismo en estas culturas intermedias. 3) La problemática localización de una organización unificada y homogénea debido a la descentralización mediática. En conclusión observamos que para comprender las culturas periodísticas intermedias –que difieren del concepto estandarizado de cultura periodística occidental–, es necesario: 1º Definir a los periodistas como productores simbólicos, capaces de conceptualizar, construir y transmitir los significados de las formas culturales; pero también de articular y difundir las ideologías que identifican a una nación. 2º Subrayar la relevancia de estos gestores simbólicos porque en esos países (poscoloniales, en vías de desarrollo o bajo regímenes no democráticos) son los principales productores de los significados estratégicos que ordenan la realidad (Mahon, 2000).

A pesar de que en ocasiones, como se ha comentado y como ratifica Zelizer (2007: 21), se toma a menudo la cultura periodística occidental (dominada por la variante anglo-americana) como ejemplo o como estándar, en la actualidad existen numerosas prácticas periodísticas distintivas a lo largo de todo el mundo determinadas por los contextos donde se ubican, al igual que por sus rasgos sociales, políticos, económicos y culturales. Hoy en día, existen características comunes y diferenciadoras que definen las diversas formas de ejercer el periodismo a nivel internacional. Estas singularidades son las que nos llevan a intentar esclarecer los rasgos distintivos y comunes de la cultura periodística en las distintas regiones del globo.

El concepto de periodismo-otro

Aunque la “ecología de la comunicación” parte de la idea de que es posible realizar una descripción de la actividad humana en términos de comunicación (Costa, 2011), su singularidad radica en el hecho de que “permite pensar los fenómenos comunicativos más allá de la comprensión meramente instrumentalista y asumirla como un ecosistema en el que se producen traslapes permanentes entre naturaleza y cultura” (Giraldo-Dávila y Maya-Franco, 2016: 749). McLuhan sugiere la unidad completamente ecológica que hay en la interacción entre lo físico de los medios y lo metafísico de la cultura (en Stephens, 2014). En América Latina, Oller (2016: 225) pone de relieve: se debe hablar de una nueva “ecología de la comunicación”, guía de una comunicación orgánica sustentada en el bien común, el pluralismo y el periodismo más humano. Donde el valor intangible de la información debe sobreponerse a la toxicidad comunicacional y el modelo anti-orgánico/estático basado en el control, la confrontación y los valores hegemónicos de un periodismo homogéneo y estandarizado.

En una cultura latinoamericana mediada como la actual, la posibilidad real de transformación social se sustenta en “una suerte de imperativo categórico que regule riesgos de la comunicación, tales como la manipulación de la opinión pública con fines económicos y políticos y […] la posibilidad de un abuso de poder por parte de grupos hegemónicos” (Giraldo-Dávila y Maya-Franco, 2016: 755). Es en este contexto regional donde se está formando un nuevo ecosistema mediático (Bowman & Willis, 2003) con unas funciones diferentes y combinadas del periodismo en un sistema de nuevos medios, donde sus profesionales tendrán que encontrar un equilibrio entre sus identidades como proveedores de contenido editorial, pero también de conectividad pública, así como entre su histórica cultura operativa cerrada que confía estrictamente en “expertos” y en una cultura periodística abierta más receptiva e interactiva (Deuze, 2008: 858). El cambio se fundamenta en una reformulación mediática, un cambio de epistema y una transición paradigmática que lleva al campo mediático a una estructura híbrida basada en la confluencia de todos los sistemas y procedimientos que construyen la sociedad latinoamericana: El paradigma del periodismo orgánico (Oller, 2016: 225). Un arquetipo de periodismo capaz de superar la “colonización profesional global” (Hanitzsch, 2007: 367), facilitadora del fenómeno de la internacionalización -conformado por la dualidad globalización/occidentalización- y la “homogeneización de las prácticas o de las orientaciones periodísticas” (Oller y Barredo, 2013: 16).

La cultura periodística en América Latina actual es más que una versión “latinoamericanizada” del periodismo exportado desde los países del “Norte” (Europa y Estados Unidos). A partir de esta reflexión empírico/teórica, basada en la desvinculación epistémica y cultural de los rasgos hegemónicos asumidos y adoptados tradicionalmente en la región latinoamericana, el desafío de la profesión periodística gira en torno a la desmarcación de la etiqueta colonial, tanto a nivel ontológico como epistémico, facultativa de la eliminación, en primer lugar, de la idea ontológica que presupone que el periodismo latinoamericano tiene un rango inferior al europeo y/o estadounidense y, en segundo lugar, de la noción epistémica que estipula que la asunción de ese periodismo latinoamericano conlleva una serie de deficiencias -estéticas, de contenido, estructurales, procesuales, etc.- imposibles de superar.

En la región latinoamericana existen unas realidades profesionales que permiten negar la existencia de una “ontología periodística” -un concepto verticalista, de arriba a abajo, y excluyente, de dentro hacia afuera-. Estas realidades visibilizan otros modelos periodísticos propios que trascienden a los “nordistas”, de carácter homogeneizador y hegemónico, y que, además, traspasan la línea epistemológica que determina que los fundamentos profesionales periodísticos están asentados en la idea de una sola cultura periodística latinoamericana, posicionándose a favor de la pluralidad que ofrecen las diversas culturas periodísticas en la región. Estas cuestiones ontológicas y epistemológicas se completan con el estudio antropológico del campo periodístico en América Latina, evitando, de este modo, los resultados asociados a las ideas de exotismo, bizarrismo y/o culturas profesionales foráneas. En concreto, el concepto de ‘culturas periodísticas intermedias’, -definidas por poseer rasgos distintivos a la llamada ‘cultura periodística occidental’- alude a “esas culturas fragmentadas [que] pigmentan y desarrollan el concepto estático y monocromo basado en la estandarización de todos los rasgos periodísticos internacionales” (Oller y Barredo, 2013: 11). El arquetipo de periodismo-otro, capaz de acoger a las múltiples variantes de la “cultura periodística intermedia latinoamericana”, se construye bajo “la idea de un ‘modelo periodístico complejo’ [que] parte de preceptos como el de conflictividad, mestizaje e inoculación desde un punto de vista positivo, apoyado en su condición serendípica y biocéntrica” (Oller, 2016: 226). Este modelo forma parte constitutiva del abandono del “mediocentrismo” en su transición hacia el establecimiento de “los ‘modelos periodísticos glocales’ que emergen de la mixtura entre la cultura globalizada y las propias identidades de cada país y región, definiendo sus límites y coyunturas” (Oller, 2016b: 148).

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