Los periodistas en Ecuador

La identidad del periodista ecuatoriano: Perfil, situación y percepción profesional

Autores: Martín Oller Alonso y Palmira Chavero Ramírez

Introducción

En este capítulo se presenta al lector un análisis de la cultura periodística de Ecuador basado en el estudio del perfil psicográfico del periodista, su situación profesional y su percepción de los roles profesionales, la ética periodística, la autonomía profesional, las influencias contextuales y los niveles de confianza en las principales instituciones del país. La importancia del periodista, y de su análisis, en todo el proceso periodístico radica en el hecho de que actúa como agente referencial dentro de los medios de comunicación en los que trabaja. A su vez, estos últimos forman parte del sistema mediático, que constituye la columna vertebral de la cultura periodística ecuatoriana, definida por su contexto social, económico, político, cultural y tecnológico.

El perfil de los periodistas en Ecuador se construyea través, en primer lugar,de su situación personal y profesional y, en segundo lugar, de sus percepciones configuradas apartir de la apropiación material, la captación sensorial y la aprehensión de los conceptos e ideas de su entorno. La miscelánea de estos factores posibilita, o no, a los periodistascrear una identidad de grupo/gremio basada enel compromiso común yelconvenio profesional y actuar en función de esa identidad grupal.

Este trabajo se incluye dentro del proyecto Worlds of Journalism Studies (WJS)[1], el mismo que se está llevando a cabo en 65 países y que cuenta con más de 27.000 encuestas realizadas a periodistas alrededor del mundo. Con el objeto de conocer y comprender en mayor medida a los periodistas en Ecuador se analizaron los datos recabados en las encuestas aplicadas cara a cara, por email y online durante el primer semestre de 2015 a un total de 372 profesionales[2] en activo en 144 medios y agencias de comunicación del país. De este modo se pretende facilitar a los periodistas, los investigadores, los estudiantes y demás interesados en esta área, un mapa lo más aproximado posible de quiénes y cómo son los periodistas, qué situación tienen dentro de los medios de comunicación ecuatorianos y qué percepciones personales determinan su trabajo.

Para este estudio se analizaron, en primer lugar, los perfiles psicográficos y la situación de los periodistas dentro del medio de comunicación, teniendo en cuenta para ello variables como: el nivel de educación, la especialización en periodismo, el género, la edad, la tendencia política, la etnia, la filiación religiosa, el salario, el cargo profesional, la posición permanente o temporal, la membresía a una asociación profesional, la sección informativa, el rango profesional, los años de experiencia y, finalmente, el tipo, el alcance y la propiedad del medio de comunicación en el que desarrolla su actividad profesional. Estas características no se refieren solamente a su condición en el medio, sino a sus preferencias y posicionamiento con respecto a diferentes aspectos sociales. Esto nos permite tener una idea más profunda de los periodistas encuestados.

En segundo lugar se examinaron las percepciones de los periodistas respecto a sus roles profesionales, con base en tres dimensiones de análisis propuestas por Hanitzsch (2007): el intervencionismo -periodista comprometido o neutral-, la distancia del poder -periodista leal o perro guardián- y la orientación de mercado -periodista comercial o de servicio-; la ética periodística, a partir de los conceptos de relativismo e idealismo planteados por Hanitzsch (2007) y Schlenker y Forsyth (1977); la autonomía, según la diferenciación entre la percepción de autonomía profesional, las influencias contextuales y los límites objetivos (Reich y Hanitzsch, 2013; Mellado y Humanes, 2012; Sjøvaag, 2013); la confianza, basada en la existencia de un consenso sobre los principales factores que explican la formación de la confianza institucional (Campbell, 2004) y las influencias contextuales, conforme a la relación entre el individuo y la sociedad y la interacción de las variables que caracterizan a los grupos a partir de una investigación multinivel (Hox, 2002).

El perfil de los periodistas en Ecuador

En Ecuador, de los 372 periodistas encuestados, 244 son hombres, lo que representa el 66,8% de la muestra, y tienen una  edad media de 35,18 años, encontrándose el 66,6% en un rango de edad entre los 18 y los 38 años y siendo solo el 16,7% mayor de 46 años. Destaca también el nivel de formación, ya que tan solo el 1,4% de los periodistas entrevistados no tiene estudios secundarios, el 66,3% tiene un grado universitario, el 11,3% un máster y el 2,5% cuenta con un doctorado. Del grupo de titulados, la mayor parte (85,5%) posee una especialización, el 35,3% en periodismo, el 18% en comunicación y el 32,2% en ambas carreras.

  • Dos tercios (63,2%) se consideran católicos/romanos -aunque un 20,2% afirma no practicar ninguna religión y el 31,4% considera que la religión no es nada o muy poco importante-; el 83,7% tiene una tendencia política de centro izquierda y, finalmente, casi la mitad (47,6%) tiene un salario dentro de la horquilla de los 200 y 800 dólares mensuales, una quinta parte (19,6%) gana entre 800 y 1000 dólares y una cuarta parte (25,2%) entre 1000 y 3000.

Los resultados respecto al salario de los periodistas coinciden con los datos ofrecidos por el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y la Comunicación, ya que en su informe muestra que el 48% de los periodistas cobra entre 340 y 650 dólares mensuales, el 18% entre 651 y 900 dólares y hay un 15% de periodistas que recibe menos del salario mínimo establecido en Ecuador. Los profesionales con título universitario tienen un salario mínimo entre 570 y 849 dólares, en tanto que los profesionales certificados por el Servicio de Capacitación Profesional están entre 370 y 502 dólares mensuales.

El incremento salarial en las dos últimas décadas es evidente, ya que en los años noventa el salario mínimo establecido para los periodistas ecuatorianos era de 99 dólares mensuales. Concretamente, el 72,4% de la muestra declaraba cobrar menos de 400 dólares y el 17,3% entre 400 y 800 dólares mensuales (Virtue, 1994).

La situación profesional de los periodistas en Ecuador

Más de dos tercios de los periodistas ecuatorianos están empleados a tiempo completo (69,9%), mientras que cerca de un cuarto (23,4%) señala que tiene un contrato a tiempo parcial y el 4,8% que trabaja como freelancer. De los periodistas que cuentan con un contrato a tiempo parcial o completo, el 62,1% posee un puesto de trabajo permanente y un 29% temporal, lo que es una muestra de relativa estabilidad en el sector periodístico.

El periodismo en Ecuador es ejercido por profesionales jóvenes que cuentan con una mediade experiencia en el área de

10,04 años (DE=9.093). Dos tercios del total (67,1%) no llega a los 10 años de experiencia profesional, y tan solo una quinta parte (20%) ha trabajado entre 10 y 20 años en el sector. De todos los periodistas que se encuentran trabajando en los medios y agencias de comunicación del país, solo el 21,8% es miembro de alguna asociación profesional.

Dentro de los medios de comunicación, en primer lugar, más de la mitad de los periodistas (55,4%) trabaja en varias secciones, ámbitos o campos, siendo “Noticias”, “Deportes” y “Entretenimiento” los principales; en segundo lugar, tres cuartas partes (76,1%) trabaja para una sola redacción; en tercer lugar, el 76,1% indica que trabaja en un solo tipo de medio; en cuarto lugar, el 35,7% señala que trabaja en varias (entre 2 y 6) plataformas diferentes y, en cuarto lugar, el 31,2% tiene un trabajo adicional diferente al de periodismo.

Según el tipo de medio de comunicación (televisión, radio, prensa escrita, online) en el que trabajan los periodistas, la mayor parte trabaja en medios de comunicación convencionales/masivos. En concreto, el 36,36% desarrolla su actividad profesional en radio, el 33,42% en prensa escrita (21,93% en diarios, el 8,82% en semanales y el 2,67% en revistas) y el 27,54% en televisión. Menos de una quinta parte (17,64%) trabaja en medios online (el 5,61% en las redacciones online de medios tradicionales y el 12,03% en medios online autónomos). Tan solo un pequeño grupo de encuestados (5,88%) afirma trabajar en agencias de comunicación.

Respecto a la propiedad del medio de comunicación (privados, públicos -donde se incluyen los oficiales-, y comunitarios) en el que desarrollan su actividad los periodistas, dos tercios (67,11%) de los encuestados afirman trabajar en medios privados, el 26,2% en medios públicos, el 2,67% en medios públicos oficiales y el 1,6% en medios comunitarios.

Finalmente, según el alcance del medio de comunicación (local, regional, nacional e internacional) en el que trabajan los periodistas, casi la mitad de ellos (41,71%) lo hace en medios de ámbito nacional, un tercio (34,76%) en medios locales, el 14,97% en medios regionales y menos de una décima parte (8,56%) en medios internacionales.

La autopercepción de los roles profesionales de los periodistas en Ecuador

Los periodistas ecuatorianos consideran que los roles profesionales más importantes son proveer un análisis sobre los temas de actualidad (89,2%), informar sobre las cosas tal como son (88,7%), permitir que la gente exprese sus puntos de vista (82,5%), educar a la audiencia (82,2%), promover la tolerancia y la diversidad cultural (82,2%) y apoyar el desarrollo nacional (81%).

De igual modo, los periodistas ofrecen muy poca importancia a la posibilidad de ejercer los roles de observador imparcial (49,4%), apoyo a las políticas gubernamentales (46,3%), proveedor de entretenimiento y relajación (40,8%), dar una imagen positiva de los líderes políticos (34,6%) y ser un adversario del Gobierno (22,3%). Sin embargo, al contrario de los roles más apoyados, no se encuentra un fuerte consenso entre los encuestados, tal y como denotan los altos niveles de desviación estándar.

Estos resultados, que concuerdan con las percepciones clásicas del periodismo en Ecuador, muestran una hibridación entre el estándar del rol clásico y neutral del “diseminador”, heredado del periodismo objetivo y “taylorista” de los países occidentales, y otro tipo de rol periodístico comprometido y pedagógico como el “cívico”, más cercano a los intereses de los ciudadanos y del país en general -el consenso entre los periodistas se corrobora a través de los bajos niveles de desviación estándar en las respuestas ofrecidas por estos respecto a los roles más apoyados-.

La orientación ética y el nivel de aceptación de los métodos profesionales controvertidos de los periodistas en Ecuador

Los periodistas ecuatorianos demuestran un gran compromiso con los estándares de ética profesional. Unánimemente (97,3%) consideran que deben adherirse siempre a estos códigos de ética profesional, independientemente de la situación y el contexto. Este consenso en torno a la aceptación de unas reglas éticas comunes -universales/generales/globales- les lleva a que menos de la mitad (48,6%) esté de acuerdo con la idea de que la ética en el periodismo es una cuestión de criterio personal y que solo un tercio (36,6%) piense que es aceptable dejar a un lado las normas morales si ciertas circunstancias extraordinarias así lo requieren y que lo ético en el periodismo depende de la situación específica en la que te encuentres (35,3%).
Respecto a la justificación de los métodos controvertidos en el ejercicio periodístico, entre los más aceptados se encuentran, en un primer grupo, el uso de recreaciones o dramatizaciones y el empleo de micrófonos o cámaras ocultos. Casi la mitad (42,6%) de los periodistas entrevistados en Ecuador considera que el uso de recreaciones o dramatizaciones de las noticias realizadas por actores está justificado en ocasiones, incluso una quinta parte (22,6%) afirma que siempre es aceptado. Sobre el empleo de micrófonos o cámaras ocultos, un 47,2% está de acuerdo en servirse en ocasiones -o siempre, aunque en menor medida- de estas herramientas.

En un segundo grupo se ubican otras prácticas que, aunque aceptadas en cierta medida, gozan de menos popularidad y aceptación entre los periodistas. Entre estas se encuentran usar documentos comerciales o gubernamentales confidenciales sin autorización (el 30,7% la considera aceptable en ocasiones), conseguir un empleo en una empresa u organización para obtener información privilegiada (el 28,3% está de acuerdo, pero solo en ciertas ocasiones), decir que el propio periodista es otra persona (el 25,2% admite estar de acuerdo en ocasiones determinadas) y pagar a personas para conseguir información confidencial (el 25% afirma que está acción se requiere en algunas ocasiones).

Según los encuestados, las acciones periodísticas no justificadas en ninguna ocasión son alterar las fotografías (88,8%), modificar o inventar citas de ciertas fuentes y aceptar dinero de una fuente (ambas con un 88,1%) y publicar una historia con contenido no verificado (86,7%).

El nivel de autonomía profesional y las influencias contextuales percibidas por los periodistas en Ecuador

Los periodistas en Ecuador perciben un grado relativamente alto de autonomía profesional y libertad de prensa, expresión y participación. Del total de la muestra, algo más de la mitad de ellos confirma que tiene completa o un gran nivel de libertad en la selección de las historias (65,8%) sobre las que va a informar y en la toma de decisiones de los aspectos a enfatizar en estas (65,4%). Esta libertad de actuación se reduce sensiblemente cuando se trata de participar en las actividades de coordinación  editorial (55%). Este resultado muestra que aunque los periodistas estiman que cuentan con un alto nivel de libertad en el trabajo que implica la toma directa de decisiones individuales, su capacidad de decisión y actuación se reduce a la hora de participar en la coordinación editorial, que implicaría discutir con sus superiores acerca de la publicación final de su trabajo.
Los periodistas ecuatorianos estiman que su trabajo se ve afectado por varios factores procedentes del contexto, tanto a nivel interno dentro de los medios en los que trabajan, como a nivel externo, procedentes de su entorno próximo y los niveles económico, político, mediático, social, cultural y tecnológico del país. La principal fuente de influencia a la que hacen referencia los consultados es la ética periodística (88,8%) -aspecto que muestra que conocen en mayor medida los valores que determinan el periodismo, pudiendo ser aprendidos en la universidad y a través de la aplicación de una nueva regulación de los medios de comunicación que establece la obligatoriedad de que los medios cuenten con un código deontológico-. En segundo lugar, destacan las limitaciones en el acceso a la información (77,3%) -los problemas que se muestran al respecto podrían estar determinados por la polarización y politización de los medios de comunicación y los periodistas, que dependiendo del medio en el que se encuentran tendrían un mayor o menor acceso a determinadas fuentes-, sus valores y creencias personales (68,5%) -esta influencia destaca por poseer el mayor disenso entre los periodistas (DE: 2,556)-, la legislación y la regulación sobre los medios existente (65,8%) -en este sentido se hace muy presente el peso que ejerce sobre el ejercicio periodístico en Ecuador la Ley Orgánica de Comunicación aprobada en 2013- y la retroalimentación de su audiencia (64,3%) -cada vez toma más fuerza la presencia activa de las audiencias y su participación en la elaboración de la información-.

De igual modo, más de la mitad de los periodistas admite que su trabajo está muy influenciado por factores internos como, en un primer grupo, las políticas editoriales, los jefes directos y editores del medio de comunicación, los altos directivos del medio de comunicación y los propietarios del medio de comunicación -consecuencia de la estructura jerárquica y vertical dentro de los medios de comunicación-, las redes sociales -fruto de la incorporación progresiva de las herramientas digitales al trabajo profesional periodístico- y los plazos y las restricciones de tiempo -prueba de que los procesos están definidos cada vez en mayor medida por la inmediatez y la primicia-.

A pesar de que los factores internos son considerados por los periodistas como más influyentes, los agentes externos a los medios de comunicación repercuten determinantemente en la actividad periodística. De las fuentes de influencia externas destacan en primer lugar, tal y como se mostró en párrafos posteriores, el acceso a la información proporcionada por las fuentes y, en segundo lugar, la legislación y la regulación de los medios. A pesar de que estas influencias externas se encuentran muy presentes para los periodistas, las influencias que estos consideran menos representativas proceden del exterior del medio como los amigos, conocidos y familiares (26,2%), los colegas de otros medios de comunicación (27,3%), los empresarios (27,6%) y las fuerzas de seguridad, la policía y los militares (28,9%).

Un aspecto a destacar es la baja percepción que los periodistas ecuatorianos poseen de las influencias procedentes de las fuentes que determinan el devenir económico de los medios, como los empresarios, los anunciantes e intereses publicitarios (31,6%) y las expectativas de beneficio de los medios de comunicación (36,4%).

El grado de confianza de los periodistas en las principales instituciones de Ecuador

Los periodistas ecuatorianos poseen unos niveles de confianza muy bajos a nivel general. Tan solo los medios de comunicación (43,5%) y los aspectos relacionados a estos, como los compañeros de trabajo (57,6%) y los dueños (55,0%), cuentan con la plena confianza de la mitad de los encuestados. A continuación se sitúan las organizaciones de derechos humanos (44,5%), probablemente debido a su carácter altruista y de defensa de los derechos de la ciudadanía y, por ende, de los profesionales del periodismo. A una distancia considerable, el ejército (30,5%) y el Gobierno (27,3%) se posicionan como las instituciones públicas que gozan de mayor confianza. Esto indica que los militares siguen contando con el apoyo de los periodistas y, en segundo lugar, que el Ejecutivo, aunque no el legislativo y el judicial, cuenta con el grado de confianza más alto -esta diferencia de confianza entre los tres poderes constitucionales denota una mayor influencia del Ejecutivo y una estructura piramidal en el que este se sitúa este en la cúspide-. A pesar de que el Gobierno cuenta con el mayor índice de confianza de todas las instituciones públicas, existen unos grandes niveles de discrepancia entre los periodistas, tal y como demuestra el alto índice de desviación estándar de la muestra (1,174).

Los instituciones públicas con menor popularidad y confianza son los partidos políticos (9,5%) y los políticos en general (7,6%) -este aspecto es un reflejo de la inestabilidad política y estructural que el país ha sufrido hasta la llegada al poder de Rafael Correa en 2007 y la polarización de la sociedad y los periodistas-. De igual modo, las asociaciones profesionales como los sindicatos (13,7%) tienen graves problemas de confianza.

Los bajos niveles de confianza de las instituciones en Ecuador es un reflejo de la reducida credibilidad de la que gozan estas por parte de los periodistas, aunque no puede declararse que sea un problema exclusivo de estas instituciones. Los encuestados afirman que a nivel general deben ser siempre precavidos (87,4%) porque la mayor parte de las personas no son confiables y tratan de “tomar” ventaja en determinadas situaciones (58,2%).

Periodistas ecuatorianos: en busca de una identidad propia

Lejos de las propuestas funcionalistas, los actores de la comunicación desempeñan un papel activo en la esfera pública. Medios de comunicación, periodistas, comunicadores sociales, propietarios y asociaciones o colectivos, con diferentes niveles de autonomía y autoridad, tienen funciones y competencias propias con las que contribuyen –o no– al ejercicio público y al desarrollo de la democracia. Así, periodistas y comunicadores sociales forman parte de un complejo macrosistema en el que, además de la influencia política, están condicionados por la económica (Weber, 1992). De un lado, la pertenencia a un medio de comunicación de una naturaleza concreta (pública, privada o comunitaria) determina en mayor o menor medida los límites en los que se desarrolla el ejercicio profesional: acceso a fuentes, recursos o actores participantes son algunos de los elementos influidos por la naturaleza del medio y su relación con el resto de participantes de la comunicación. Del otro lado, el sistema político define y condiciona la presencia y el ejercicio mediático. Este condicionamiento se produce en dos sentidos especialmente: la intervención del Estado (Picard, 1985) y el grado de paralelismo político (Hallin y Mancini, 2004).

En Ecuador, la pertenencia de los periodistas y comunicadores sociales a un complejo entramado de sistemas los sitúa en un papel de interacciones e influencias diversas y continuas. Entre ellos, los sistemas económico y político son los principales a  tener en cuenta a la hora de estudiar al colectivo de periodistas del país, ya que la intervención (o no) del Estado y los condicionantes de los propietarios de los medios acaban definiendo los límites de la profesión. Al respecto, aunque dos de cada tres periodistas ecuatorianos trabajan en medios privados, motivado ante todo porque más del noventa por ciento de los medios son de propiedad privada, y deben acogerse a las normas impuestas por el mercado, la influencia del Gobierno, personalizada en su presidente y el poder Ejecutivo, posee la mayor capacidad de intervención en la historia del país respecto al control y regulación del ejercicio periodístico, los periodistas y el sistema mediático. Por este motivo, para un completo análisis del periodismo en el país es fundamental conocer y estudiar la percepción que los profesionales de la comunicación tienen de sí mismos y de su rol en la sociedad, en concreto, y de los cambios que se están produciendo en el periodismo, en general.

Tradicionalmente, el desarrollo de la comunicación ha estado marcado por la combinación entre un importante nivel de concentración de la propiedad y la ausencia de un Estado fuerte. América Latina, no exenta de las tendencias internacionales, se caracterizó en la década de los 50 y 60 por la centralización de la producción y un capital de origen predominantemente extranjero, lo que generó la conformación de oligopolios concentrados en las grandes ciudades, en tanto que los medios (especialmente la televisión) de carácter público se utilizaban como herramienta de propagandas de los gobiernos de turno (Mastrini y Becerra, 2001). En este sentido, según Mastrini y Becerra (2001), fue el mercado quien estableció las estrategias principales en América Latina. El primer intento de desarticular el poder del capitalismo internacional en los medios de comunicación se dio a partir de la década del 70, con la propuesta de un Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación, que propuso “el establecimiento, en líneas generales, de objetivos y valores comunes en la esfera de la comunicación, basados en intereses comunes en un mundo interdependiente” (MacBride, 1980: 207), de modo que se permitieran romper los desequilibrios y las disparidades en la comunicación y sus estructuras. Esta propuesta, sin embargo, fracasó de manera temprana, dando origen a un proceso de desarticulación del Estado del bienestar y de privatización de la comunicación, lo que cambió radicalmente las funciones y características de los periodistas.

En las últimas décadas del siglo XX estas características vinieron marcadas por el salto tecnológico, el creciente peso de la noción privada, la internacionalización empresarial mediática y la expansión de la publicidad, en todos –y cada vez más variados– formatos como fuente principal de sustento. Este proceso desregulatorio fue configurando un tipo de periodista caracterizado por las exigencias mercantiles, la internacionalización de su presencia, la inmediatez, el dinamismo y la multiplataforma. De este modo, el periodista pasó a adaptarse a un sector que, según algunos autores, se convirtió en “dinámico, concentrado, transnacionalizado, de alta rentabilidad y donde cada vez más se encontraban comprometidos mayores volúmenes de capital” (Zallo, 1992: 20).

Las consecuencias del incremento en la concentración mediática pasan por la disminución de la autonomía periodística, la pérdida de la calidad del producto periodístico y la merma de la pluralidad de voces informativas (Serrano, 2010). En palabras del propio autor, “los profesionales de la comunicación se han convertido en simples operarios obligados a producir bienes rentables y a dar forma a los criterios editoriales emitidos desde los consejos de administración de propietarios” (Serrano, 2010: 298). De esta manera, el periodista parece alejarse de su perfil intelectual (Ortega y Humanes, 2000: 194) y acercarse a un contador de historias que tiene salida en el mercado, constituyendo con nuevas funciones un poder “desinstitucionalizado”.

A pesar de las dificultades mencionadas en los párrafos anteriores, es evidente que algo está cambiando en la región latinoamericana y en Ecuador. En la actualidad, los periodistas ecuatorianos manifiestan contar con un grado alto de autonomía profesional y libertad de expresión, e, incluso, en la posibilidad, aunque en menor medida, de participar en la selección de las historias a contar. Esta percepción viene unida al hecho de que en las últimas décadas, con la llegada de gobiernos progresistas en América Latina, se ha producido un cambio en ciertas tendencia a partir de la recuperación de la idea de “democratizar la comunicación”, en la que el Estado toma un papel protagonista y la comunicación popular y comunitaria vuelve a estar en la primera línea de disputa.

La intervención del Estado en la limitación de la concentración de la propiedad privada[3] es una de las características más importantes de las políticas públicas en comunicación que se vienen implementando en Ecuador en la última década. En este sentido, la redistribución del espectro radioeléctrico por tercios (para medios públicos, privados y comunitarios) es uno de los puntos en común de esta legislación. Aunque la realidad es que, en general, el predominio que los medios privados a día de hoy mantienen en el país hace que la mayor parte de los periodistas trabaje en estos. En cambio, sí existe una distribución más equitativa respecto a los tipos de medios, ya que los periodistas ecuatorianos ejercen en radio (36,36%), prensa escrita (33,42%) y televisión (27,54%) casi a partes iguales, mientras que aún es incipiente la ocupación en medios online (17,64%).

Este intento de distribución de la propiedad mediática ha venido acompañada, en muchas ocasiones, de la promulgación de derechos de los periodistas y del reconocimiento –y en algunos casos protección– de la diversidad de profesionales que ejercen la comunicación. En el caso de Ecuador, encontramos que los periodistas son mayoritariamente hombres (67%) jóvenes (en la treintena), de etnia mestiza, con formación superior universitaria y un posicionamiento político que reconocen como de centro-izquierda.

El apoyo a la formación y proceso de profesionalización de los periodistas es otra de las características de la legislación del gobierno ecuatoriano en materia de comunicación en los últimos años, si bien este punto se ha llevado a la práctica con diferente suerte. En Ecuador, el proceso de profesionalización del periodismo está llevando a la certificación de los perfiles ocupacionales de las personas que ejercen esta actividad. El CORDICOM, junto a SENESCYT, SECAP y SETEC, está realizando un proceso de  “reconocimiento público, documentado y formal de la capacidad laboral demostrada por un trabajador”, efectuado con base en la evaluación de sus competencias en su desempeño laboral y sin estar necesariamente sujeto a la culminación de un proceso educativo. Este reconocimiento formal de las competencias implica la expedición, por parte de una institución autorizada (Organismo de Evaluación de la Conformidad), de una certificación que confirma documentalmente la competencia (Oller y Chavero, 2014). En todo caso, conviene tener en cuenta que el proceso de formación no contiene solo técnicas comunicativas, sino también conocimiento sobre el contexto político, económico, social y geopolítico (De Moraes, Ramonet y Serrano, 2013).

Otra de las particularidades de esta legislación, que acaba por definir el perfil del periodista y su situación profesional, es el reconocimiento de algunos derechos que permiten el empoderamiento del periodista en el ejercicio de su profesión, protegiéndolo de abusos, presiones y excesos habituales de la dinámica mercantil. En Ecuador, además de la mejora de la condición económica y laboral de los periodistas y comunicadores sociales, estos tienen garantizados el derecho a la reserva de la fuente y al secreto profesional. En la actualidad, probablemente por influencia de la normativa, existe una relativa estabilidad laboral en el sector. Más de dos tercios de los periodistas ecuatorianos están empleados a tiempo completo (69,9%) y con una mejora en las condiciones salariales en los últimos tiempos: casi la mitad tiene un salario de entre 200 y 800 dólares, en un país con un salario mínimo de 366 dólares. En esta misma línea, en un intento de protección al ciudadano contra las malas prácticas periodísticas, se reconocen los derechos a la rectificación y a la réplica en la Ley Orgánica de Comunicación (2013), que vendrían a reflejar las obligaciones contractuales de los periodistas y comunicadores sociales.

Este intervencionismo estatal en el ámbito regulatorio y la mejora de la situación profesional conllevan que, aunque los periodistas ecuatorianos depositen poca confianza en las instituciones a nivel general, el Gobierno cuente con uno de los mayores índices de credibilidad entre las instituciones públicas. Dentro del ecosistema mediático, los periodistas afirman confiar en los compañeros de trabajo y en los dueños de los medios, pero que, a nivel general, deben ser precavidos. La desconfianza en los partidos políticos y los sindicatos están en sintonía con los datos del resto de ciudadanos ecuatorianos, lo que revela la gran similitud entre las percepciones que poseen los periodistas ecuatorianos y las de la sociedad ecuatoriana en general. De igual modo, si se comparan los indicadores de confianza de los periodistas en Ecuador con los de la región latinoamericana, se observa como la tendencia es regional. Según el estudio del Latinobarómetro (2015), América Latina es la región del mundo, junto con África, con los menores valores de confianza interpersonal.

Una de las cuestiones típicas en el análisis de los periodistas y su profesión es la capacidad de influencia que estos tienen, que según algunos autores se manifiesta en “cuatro amplias funciones: la integración social, la dirección cultural, la acción política y la socialización política” (Ortega y Humanes, 2000:199). Sin embargo, es importante analizar también qué percepción tienen los propios periodistas del ejercicio de su profesión y de sí mismos en tanto actores públicos. A la complejidad que supone acercarse a una profesión tan heterogénea, se suma en algunos casos la situación particular de tradiciones, hábitos y percepciones acumuladas que condiciona la práctica profesional. En el caso de Ecuador, “la prensa está llena de mitos” (Darío y Astudillo, 2005: 59), que nacen –a veces– en el propio proceso de formación del periodista y que le acompañan en el ejercicio de su profesión día a día. Pero, ¿es el periodista consciente de ellos?  Autores como Hecht y col. (2005) advierten que esta percepción, que construye el sentido de identidad de los periodistas, no es algo estático, sino que se trata de un estado basado en un concepto dinámico de interacción entre leyes culturales, profesionales, un tipo de lenguaje, símbolos y estrategias discursivas.

A día de hoy, los periodistas ecuatorianos consideran que sus funciones principales son analizar los temas de actualidad, informar sobre las cosas tal como son y dar voz a la audiencia. Además, en el ejercicio diario de su profesión, estos afirman estar fuertemente comprometidos con los estándares de ética profesional, que primarían por encima de todo, a pesar de que dejan un cierto margen de maniobra para las opciones personales. Esta adhesión a las normas éticas les lleva a percibir las principales influencias contextuales procedentes de los códigos éticos de conducta.

Resulta sumamente atractivo conocer las percepciones y actitudes de los periodistas ecuatorianos con respecto a determinadas áreas de interés como el rol profesional que desempeñan, su orientación ética, la autonomía profesional de que disponen, el nivel de confianza en las instituciones y las influencias recibidas. Aunque, en todo momento del estudio, estamos ante la percepción que manifiestan los periodistas y comunicadores sociales en estas dimensiones, es decir, se trata de una consideración subjetiva de los profesionales de la comunicación. La importancia de este análisis radica en que nos permite conocer cuál es la consideración interna del periodismo, fruto de un proceso de experiencia y reflexión de la profesión, y al mismo tiempo nos alerta de los límites de las manifestaciones expresadas.

Referencias bibliográficas

Beam, R. (1990). Journalism professionalism as an organizational-level concept. Journalism Monographs, 121: 1-43.

Campbell, W. R. (2004). The sources of institutional trust in East and West Germany: Civic culture or economic performance? German Politics, 13: 401-418.

Darío, R. y Astudillo, F. (2005). Periodismo por dentro. Una pausa en medio del vértigo. Quito: CIESPAL.

De Moraes, D.; Ramonet, I. y Serrano, P. (2013). Medios, poder y contrapoder. De la concentración monopólica a la democratización de la información. Buenos Aires: Edit. Biblios.

Güemes, C. (2014). El papel del Estado y el impacto de las políticas públicas en la creación/destrucción de la confianza social: Latinoamérica y Argentina bajo la lupa. Tesis Doctorado, http://eprints.ucm.es/26001/1/T35426.pdf [recuperado 206/03/2015].

Hallin, D. y Mancini, P. (2004). Comparing media system. Three models of media and politics. Cambridge University Press.

Hanitzsch, T. (2007). Deconstructing journalism culture: Toward a universal theory. Mass Communication Theory, 17(4): 367-385.

Hecht, M.L.; Warren, J.R.; Jung, E. y Krieger, J.L. (2005). The communication theory of identu: Development, theoretical perspective and future directions. En: Gudykunst, W. R. (ed.). Theorizing about intercultural communication. Thousand Oaks, Ca: Sage.

Hox, J. (2002). Multilevel analysis: Techniques and applications. Mahwah, NJ: Erlbaum.

Latinobarómetro (2015). Latinobarómetro. Opinión Pública Latinoamericana. Informe 1995-2015. Santiago de Chile: Corporación latinobarómetro.

MacBride, (1980). Un solo mundo, voces múltiples. México: Fondo de Cultura Económico.

Mastrini, G. y Becerra, M. (2001). 50 años de concentración de medios en América Latina: del patriarcado artesanal a la valorización en escala. En: Quirós Fernández, F. y Sierra Caballero, F. (E) Globalización, comunicación y democracia. Crítica de la economía política de la comunicación y la cultura. Sevilla: Comunicación Social Ediciones y Publicaciones.

Mazzoleni, G. (2010). La comunicación política. Madrid: Alianza Editorial.

Mellado, C. y Humanes, M. L. (2012). Modeling perceived professional autonomy in Chilean journalism. Journalism, 1-19.

Merrill, J. C. (1974). The imperative of freedom: A philosophy of journalistic autonomy. New York: Hastings House.

Oller, M.  y Chavero, P. (2014). La profesionalización del periodismo y el profesionalismo de los periodistas en Ecuador”. Prisma.com, http://revistas.ua.pt/index.php/prismacom/article/view/3045  [recuperado 21/02/2015].

Ortega, F. y Humanes, M.L. (2000). Algo más que Sociología de una profesión. Barcelona: Ariel.

Picard, R. (1985). Patterns of state intervention in western press economics. Journalism Quarterly, 62: 3-9.

Reich, Z. y Hanitzsch (2013). Determinants of Journalists´ Professional Autonomy: Individual and National Level Factors Matter More Than Organizational Ones. Mass Communication and Society, 16(1): 133-156.

Schlenker, B. P. y Forsyth, D. R. (1977). On the ethics of psychological research. Journal of Experimental Social Psychology, 13: 369-396

Schudson, M. (1996). The sociology of news production revisited. En: Curran, J. y Gurevitch, M. (Eds.). Mass Media and Society, 2ª edición. Nueva York: St. Martin Press.

Serrano, P. (2010). Traficantes de información: la historia oculta de los medios de comunicación españoles. Madrid: FOCA.

Sjøvaag, H. (2013). Journalistic Autonomy. Between Structure, Agency and Institution. Nordicom Review, 34: 155-166.

Virtue, J. (1994). Journalists in the Andes. Miami: Florida International University.

Weber, M. (1992 [1910]). Max Weber: para una sociología de la prensa. REIS, 57: 251-259.

Woolcock, M. (1998). Social capital and economic development: Toward a theoretical synthesis and policy framework. Theory and Society, 27: 151-208.

Zallo, R. (1992). El mercado de la cultura. Estructura económica y política de la comunicación. Donostia: Tercera Prensa

[1] Website de Worlds of Journalism Study: http://worldsofjournalism.org/ [consultada 20/08/16].

[2] La muestra se obtuvo a partir de un muestreo aleatorio simple e intencional que, con base en el informe publicado por CORDICOM en 2014 que establecía que los profesionales en comunicación en Ecuador eran alrededor de 17000, permitió a los investigadores de este estudio certificar que la muestra de 372 individuos analizados ofrecía un índice de confianza del 95% y un margen de error de 5,03.

[3] En el caso de Ecuador, una de las medidas iniciales más significativas fue la prohibición constitucional  (2008) de que los poderes financieros formaran parte del accionariado de los medios de comunicación, hasta entonces habitual.